: Félix Lope de Vega y Carpio
: El marido más firme
: Linkgua
: 9788498977097
: Teatro
: 1
: CHF 2.70
:
: Dramatik
: Spanish
: 128
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El marido más firme es una obra dramática que Lope de Vega compuso entre los años 1617-1621 y que publicó en la Parte XX de sus comedias, en 1625. Aunque reciba expresamente la denominación de «tragedia famosa», de acuerdo con el mito tratado, quizá el término «comedia» es el que mejor la define, puesto que abundan en ella los pasajes de vena cómica y burlesca. Además, y sobre todo, esta obra tiene un desenlace feliz. El tema esencial de El marido más firme es la fidelidad conyugal de Orfeo. El punto culminante de esta obra lo marca la decisión del héroe de bajar al infierno en busca de su esposa. La valentía y, en particular, la tenacidad que muestra son comunes en todas las versiones que se han escrito sobre el mito. Sin embargo, Lope no se contenta, e introduce otros ejes temáticos que complican la intriga, algo de esperar en un maestro experto en el enredo y el desenredo de sus tramas.

Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1637). España. El que fuera llamado 'Fénix de los ingenios españoles', Félix Lope de Vega Carpio, nació en Madrid a finales de 1562. Su padre, el artesano bordador Félix de Vega, y su madre, Francisca Fernández Flórez, eran, probablemente, oriundos del valle de Carriedo (Cantabria), y se trasladaron a Madrid hacia 1561. El origen humilde de Lope de Vega sería transformado por él mismo en una imaginada hidalguía; de hecho, Lope siempre fue dado a investirse con atributos que le favorecieran y nunca ocultó su abultado deseo de fama y éxito. Sea como fuera, cristiano viejo o converso, lo que sí refleja su obra es una completa y cabal asimilación de los valores imperantes en la sociedad de su tiempo. Lope estudió primero en la escuela madrileña de Vicente Espinel, por quien siempre demostró estima y admiración, y después en un colegio jesuita que, años después, se llamó colegio Imperial. Posteriormente, al parecer entre 1577 y 1581, estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aunque no consta que obtuviera ningún título. Es probable, también, que siguiera algunas lecciones en la Universidad de Salamanca. Tras servir, desde muy joven, al obispo de Cartagena, inquisidor general y más tarde obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique, Lope se alista en una escuadra de navíos y, en junio de 1583, zarpa de Lisboa rumbo a la isla Terceira (Azores), donde habían de combatir al prior de Crato, aspirante al trono portugués entonces en manos españolas a través de Felipe II. Acabada su misión, Lope regresa e inicia una de sus primeras relaciones amorosas, de entre las numerosas que se le atribuyen. Se trataba de Elena Osorio (su Filis), mujer bella y cultivada, hija de un empresario y actor teatral, la cual estaba separada de su marido (un actor). Lope escribiría algunas comedias para el padre de Elena. Años después, en 1587, tras enterarse de que Elena planeaba sustituirle por un influyente personaje madrileño (Francisco Perrenot Granvela), Lope difundió unos poemas infamantes contra ella y su familia, lo que le valió un destierro judicial de Madrid, por cuatro años, y de Castilla, por dos. En mayo de 1588, Lope toma por esposa a Isabel de Urbina Alderete (su Belisa), en Madrid. Isabel pertenecía a una familia muy influyente y de linaje antiguo, y es probable que el casamiento, aunque se realizó por poderes, pasara antes por algunas dificultades y supusiera la violación de la orden judicial por parte del escritor, que tenía prohibido regresar a la capital. Tras su boda, y ante la imposibilidad de estar en Madrid con su esposa, es probable que Lope de Vega se alistara como voluntario, junto a su hermano Juan, en la Armada Invencible, a bordo del galeón San Juan. Tras el fracaso de la expedición, en la que su hermano perdió la vida, Lope estará sucesivamente en Cádiz, Toledo, donde se reúne con Isabel (violando la orden de destierro), y Valencia, donde se establece el matrimonio hacia 1589. Valencia era una de las principales ciudades españolas, y su actividad teatral era de las más notables; allí se relacionó con dramaturgos locales como Francisco Tárrega, Carlos Boyl, Gaspar Aguilar y Guillén deCastro. Su actividad como escritor de comedias pasó de ser un divertimento a una actividad profesional con la que sostenía a su familia y con la que iba ganando creciente fama y popularidad, algo, como se dijo antes, muy conscientemente buscado por el escritor.

Jornada segunda


(Sale Eurídice.) Amor desconfiado,

de ti dicen que nadie ha tenido,

dichoso o desdichado,

sin celos, porque apenas al sentido

tocaron tus desvelos,

cuando son de tu Sol sobra los celos.

Yo sola, de tus iras

libre, amando salí libre me veo;

sospechas ni mentiras

no me han dado temor, ni apenas creo

que hay celos más que el nombre,

ni que los tiene la mujer del hombre.

Diga quien celos tiene:

¿de qué manera son cuando atormentan?

¿Cuándo su pena viene?

¿De qué nacen y adónde se sustentan?

Y siendo infierno celos,

¿por qué tienen el nombre de los cielos?

Adórame mi esposo

con tal pureza de alma y de sentido,

que ni él está celoso,

ni celos tengo de él, porque no han sido

tales nuestros amores

que puedan atreverse los temores.

Cuando la noche fría

el mundo baña en miedo, en hurto, en sombra,

amada esposa mía,

y otras veces también mujer, me nombra:

¡Quién tan larga la hiciera

que dos siglos después amaneciera!

Y cuando el alba hermosa

las perlas que le hurtó liberal llueve,

y la encarnada rosa

en copas de coral aljófar bebe,

dice que en mí las mira,

y porque vio la luz del Sol suspira:

En vida tan contenta,

¿qué puede haber que el alma que le adora

más tema, ni más sienta,

que ser corta la vida, pues agora

por gozarle quisiera

que fuera cuerpo el alma, y siempre fuera?

Fílida Si los jueces fieros

que en el infierno con rigor castigan

crueles y severos,

a quien jamás las lágrimas obligan,

hicieron fuego eterno,

celos, ¿cómo no estáis en el infierno?

Quien dijere que pudo

amar sin celos miente claramente,

o es tan grosero y rudo

que las ofensas del amor no siente;

que quien sin celos ama,

no tiene honor y el de ser hombre infama.

El cisne no permite

otro cisne en el agua donde nada,

ni que le solicite

otro amante su prenda: la sagrada

paloma, a Venus bella,

que como sabe amar, teme perdella.

Yo muero de celosa,

mas no puedo estorbar a quien me quita

mi bien, por más dichosa,

que no le goce, aunque a morir me incita;

que el nombre de marido

tiembla el furor que abrasa mi sentido.

¿Qué importa, amado Orfeo,

que me consuma yo por gracias tantas

cuantas ve mi deseo,

cuando hablas, cuando escribes, cuando cantas,

si Eurídice, tu esposa,

mujer te quiere, como yo celosa?

Eurídice Fílida, ¿tú estás aquí?

FílidaGuárdente, ninfa, los cielos.

EurídiceNo sé qué te oí de celos,

¿es verdad que hay celos?

Fílida Sí.

Eurídice ¿Qué son celos?

Fílida Un temor.

Eurídice¿De qué?

FílidaDe perder quien ama

el bien que tiene.

Eurídice ¿Eso llama

celos la que tiene amor?

Fílida Esto pienso.

Eurídice Y ¿a qué efeto

teme quien ama perder

el bien?

Fílida Porque puede ser,

y así el temor es discreto.

Eurídice ¿Cómo?

Fílida ¿No puede mirar

otra mujer lo que quieres?

¿No hay mil hermosas mujeres

que le pueden agradar?

Eurídice ¿Por qué, queriéndome a mí?

FílidaPorque no todas las cosas

de mil mujeres hermosas

estarán juntas en ti.

Si eres blanca, podrá ser

que le agrade una morena:

si eres compuesta y serena,

tan bulliciosa mujer.

Y aunque tú discreta seas,

otra puede saber más,

y hay gracias que no tendrás

que se imaginan en feas;

sin esto, lo que se tiene,

suele no estimarse tanto.

EurídiceDe lo que dices me espanto.

FílidaPues de esto que digo viene

a estar la propia mujer

celosa de su marido,

porque es un bien adquirido

que no se puede perder.

EurídiceCon no apartarme jamás

del bien que el cielo me dio,

no seré celosa yo.

FílidaMás pienso que lo serás;

que si le oprimes, es cierto

cansarle, y el que se cansa,

en otra parte descansa.

EurídiceDe no dejarle te advierto.

Fílida ¿Qué importa para ofenderte

con el pensamiento, y dar

tú en celos de imaginar

que es posible no quererte,

y querer a otra mujer?

EurídiceMás claro verlo quisiera,

aunque celosa me viera.

FílidaPues no es difícil de hacer.

Tu esposo ayer, que salía

de tu casa al prado, vio

que de buenos aires yo

por el arroyo venía;

con las dos manos alcé

el faldellín tan igual,

que, al pasar, aun el cristal

no dio señas de mi pie;

pero diéronla sus ojos,

pues me dijo: «Pies tan bellos,

bien merecen que tras ellos

se vaya el alma en despojos;

menos ligeros quisiera

que en el arena saltaran,

para que estampa dejaran

donde la boca pusiera.

Y así con deseos vanos

rogué al amor que después

tropezaran vuestros pies

para que os diera las manos».

Eurídice ¿Eso te dijo mi Orfeo?

FílidaEsto me dijo.

Eurídice ¡Ay de mí!

¡Muerta soy!

Fílida ¿Siénteslo?

Eurídice Sí.

Fílida¿Mucho?

EurídiceQue morir me veo.

Fílida ¿Tanto?

Eurídice A la muerte me has puesto.

Fílida¿Es gran pena?

Eurídice Es rigurosa.

FílidaPues eso es estar celosa.

Eurídice¿Esto es celos?

Fílida No es más que esto.

(Vase Fílida. Salen Orfeo y Fabio.)

Fabio ¿Tan contento estás?

Orfeo Estoy

tan contento, Fabio amigo,

que es lo menos lo que digo

de lo que dichoso soy.

Si me acuesto, no querría

que el alba se levantase,

para que no me obligase

al ejercicio del día,

o pasase, ya que fue,

con tanta velocidad

que en la misma claridad

pusiese la noche al pie.

Fabio ¡Qué venturoso casado!

Alguno conozco yo

que en una noche pensó

que ya era el mundo acabado.

Tan larga le parecía,

que, cuando el alba salió,

a un espejo se miró

por ver si canas tenía.

OrfeoSería la mujer fea.

FabioSobre que era fea y fría,

algo de necia tenía.

OrfeoFabio, no hay cosa que sea

más extraña para mí,

que a un amigo le sufráis,

cuando muy necio le halláis,

un año y muchos ansí.

Que una grande calentura

o algún terrible dolor,

una noche, que en rigor

parece que un siglo...