Jornada segunda
(Voces de mar, y sale Jonás, profeta, huyendo.)
Jonás¡Vaya el engañador! ¡Matalde! ¡Muera!
¡Oh, bárbaros sin ley, samaritanos!
¿Quién vuestra voz contra mi vida altera?
¡Para un viejo sin manos tenéis manos!
TodosSi le alcanzáis, matadle.
Jonás ¡Quién tuviera
alas en los dos pies, o en estos llanos,
aunque partiera en dos este horizonte!
¡Quién pudiera poner delante un monte!
¡Ah, Samaria cruel! ¡Ah, vil Samaria!
Niegue Dios el rocío a tus sembrados
y del cielo la hermosa luminaria
vista jamás de verde a tus collados!
¡El agua de tus fuentes necesaria,
se agote y seque, contra tus pecados
fuego llueven las nubes a la tierra,
y aunque busques la paz, vivas en guerra!
Nocturnas aves con graznidos roncos
te formen siempre cánticos acerbos;
búhos te espanten con gemidos broncos
perros te aúllen y te bramen ciervos;
sílbente las lechuzas, y en los troncos
las grajas enfadosas, y los cuervos,
cuajando el aire, en ofenderte tercos,
noche vuelvan el día en negros cercos.
Por mandado de Dios fui a predicarte,
y en lugar de imprimirse en ti mi cuento,
has querido, Samaria, amotinarte
y dar tu voz contra mi vida al viento;
en tus vicios, cruel, quiero dejarte,
(Aparece Dios sobre un arco iris, de medio cuerpo.)
aunque no haga de Dios el mandamiento.
Quédate entre tus sierpes, Vehemut fiera,
que a ti no he de volver.
Voz Jonás, espera.
Jonás ¿Quién me llama?
Voz Yo soy que el mundo abarco
con mis dos pies que calzan los coluros.
Jonás¿Dónde estáis que no os veo?
Voz Sobre el arco,
que los ojos del cielo deja oscuros.
Éste mostró mi paz, cuando en el barco
primero entre los vientos mal seguros,
un Patriarca vio tras el diluvio
recamados los montes del Sol rubio.
Aquel creyó, y creyendo, en agua pudo
salvar el mundo; que la fe esto puede,
y a ti dudando te faltó el escudo,
donde no hay golpe que incapaz no quede.
JonásSeñor, yo no he dudado, y si algo dudo,
de aqueste reino mi dudar procede;
que aunque en su oído vuestra voz se forme,
ocupado lo tiene el vicio enorme.
Prediquéle, Señor, y airado y fiero,
en galardón me quiso dar la muerte,
y tu ley en aquel cobrar no espero;
su alma es con los vicios bronce fuerte:
a veces león fui, y otras cordero;
pero no pude de ninguna suerte
en su pecho imprimir tu ley divina;
que el deleite que es tierra a tierra inclina.
Dios Pues tus voces, Jonás, no han sido parte
a reducir esta ciudad perdida,
vuelve tu rostro, y desde aquí te parte
a Nínive, que en vicios divertida
está también.
Jonás ¡Señor!
Dios No hay excusarte.
JonásQuitaránme la vida.
Dios De tu vida
tengo cuidado yo, pues de mi mano
pende la vida del menor gusano.
Diles que dentro de cuarenta días
hagan de sus errores penitencia,
pena de verse entre las manos mías,
en mi juicio, en la postrer sentencia;
haré que caigan de las nubes frías
guerra sobre ellos, sangre y pestilencia,
y si lloran su culpa en los cuarenta,
el premio y el perdón queda a mi cuenta.
Jonás ¿Qué crédito, Señor, darán a un hombre
desnudo y pobre, como yo, esta gente?
Un ángel enviad con que se asombre,
y no enviéis un hombre que os afrente.
¿Qué calidad, qué fama, qué renombre
tenéis, Jonás, para que un caso intente
tan arduo? ¿Qué he de hacer?
Dios ¿Qué estás dudando?
JonásSeñor, yo tengo de ir.
Dios Haz lo que mando.
(Cúbrese la apariencia: queda Jonás solo.)
Jonás Si me escapé en Samaria de la muerte,
a Nínive ¿a qué he de ir sino a otro tanto?
Huir quiero a Sidón, y desta suerte,
Nínive no podrá causarme espanto.
Si es el brazo de Dios eterno y fuerte
cada día le vence nuestro llanto;
huirme quiero a la provincia Tiria,
y envíe Dios sus ángeles a Siria.
Cuatro caminos veo, ¿qué camino
de los cuatro irá a Nínive? Dudando
estoy; por este a huir me determino,
que de la Siria más se va apartando.
Mas ¿qué letras son estas, Dios divino,
que en la arena están? Haz lo que mando,
dicen las letras que borrar procuro;
mas parece que están en bronce duro.
No las puedo borrar, ¡válgame el cielo!
Huiré por este, pues por la arena
las mismas letras forma, haciendo el suelo
blanco papel; mas esto Dios lo ordena.
A Nínive quiero ir; pero recelo
que han de matarme en Nínive. ¿Habrá pena
que se iguale a la mía? No me entiendo;
mas ¡ay! que si no voy, a Dios ofendo.
Pero allí viene un hombre: él podrá darme
lo que mi confusión ciega codicia,
y hacia Tiro o Sidón podrá guiarme,
si tiene de sus términos noticia;
conmigo irá, si quiere acompañarme;
en caballo de miedo o de codicia
viene, sin duda, pues camina tanto.
Dios os guarde.
(Un caminante, que es Demonio.)
Demonio Y a vos el cielo santo.
Jonás ¿Cuál, amigo, es el camino
de Sidón?
Demonio Este que al mar
está, señor, más vecino,
y yo os podré acompañar,
que a Sidón también camino.
Jonás ¿De dónde bueno venís?
DemonioDe Nínive llego agora.
JonásDe Nínive, ¿qué decís?
¿Y a qué Dios Nínive adora?
Demonio¡Ay de mí!
Jonás ¿De qué os sentís?
Demonio Solo en oíros nombrar
a Nínive, el corazón
quiso del pecho saltar.
Jonás¿Pues qué ha sido la ocasión
de vuestro enojo y pesar?
Demonio Nínive, señor, es tierra
tan mala, que la malicia
en sus murallas se encierra:
ni hay Dios, ni hay rey, ni hay justicia,
ni hay virtud, que la destierra;
ella es la ciudad sin Dios,
y para buenos no es buena.
JonásSin duda sois bueno vos,
pues desterraros ordena.
DemonioAquí, para entre los dos,
¿sois de Nínive?
Jonás No, amigo;
solo sé que Dios le tiene
prevenido un gran castigo,
y que allá...
Demonio Si no os conviene,
no vais; porque soy testigo
de las mayores crueldades
que se han visto entre gentiles;
no hicieron tantas maldades
la ciudad de los pensiles
ni otras bárbaras ciudades:
y así, señor, si allá vais,
sin duda os darán la muerte
si en ser vicioso no dais;
id a Tiro y a Sidón
conmigo.
Jonás Digo, que vamos
en buena conversación:
¿qué está escrito en estos ramos?
DemonioLetras son.
Jonás ...