: Félix Lope de Vega y Carpio
: El inobediente o la ciudad sin Dios
: Linkgua
: 9788498977080
: Teatro
: 1
: CHF 2.70
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: Dramatik
: Spanish
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El inobediente o la ciudad sin Dios es una obra dramática escrita por Félix Lope de Vega, uno de los autores más prolíficos y célebres del Siglo de Oro español. En esta pieza, Lope de Vega narra la historia del profeta bíblico Jonás, conocida por su desobediencia a los mandatos divinos y las consecuencias que esto acarrea. En la Biblia, la historia de Jonás se encuentra en el Antiguo Testamento. Dios ordena a Jonás ir a la ciudad de Nínive para advertir a sus habitantes sobre un castigo divino si no se arrepienten de sus pecados. Sin embargo, Jonás se niega y huye, pero durante su huida, una gran tormenta provoca que los marineros del barco en el que viajaba lo arrojen al mar, donde es tragado por una gran ballena o un gran pez. Dentro del vientre del pez, Jonás ora y promete obedecer a Dios si logra salvarse. Finalmente, el pez lo escupe en tierra y Jonás cumple con la misión que Dios le encomendó. En El inobediente o la ciudad sin Dios, estos eventos se dramatizan de manera emocional y poderosa, destacando el tema del arrepentimiento, la obediencia a Dios y el poder redentor de la fe. Lope de Vega, a través de su tratamiento de la historia de Jonás, invita a los espectadores a reflexionar sobre la importancia de la obediencia y el arrepentimiento en la vida cristiana.

Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1637). España. El que fuera llamado 'Fénix de los ingenios españoles', Félix Lope de Vega Carpio, nació en Madrid a finales de 1562. Su padre, el artesano bordador Félix de Vega, y su madre, Francisca Fernández Flórez, eran, probablemente, oriundos del valle de Carriedo (Cantabria), y se trasladaron a Madrid hacia 1561. El origen humilde de Lope de Vega sería transformado por él mismo en una imaginada hidalguía; de hecho, Lope siempre fue dado a investirse con atributos que le favorecieran y nunca ocultó su abultado deseo de fama y éxito. Sea como fuera, cristiano viejo o converso, lo que sí refleja su obra es una completa y cabal asimilación de los valores imperantes en la sociedad de su tiempo. Lope estudió primero en la escuela madrileña de Vicente Espinel, por quien siempre demostró estima y admiración, y después en un colegio jesuita que, años después, se llamó colegio Imperial. Posteriormente, al parecer entre 1577 y 1581, estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aunque no consta que obtuviera ningún título. Es probable, también, que siguiera algunas lecciones en la Universidad de Salamanca. Tras servir, desde muy joven, al obispo de Cartagena, inquisidor general y más tarde obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique, Lope se alista en una escuadra de navíos y, en junio de 1583, zarpa de Lisboa rumbo a la isla Terceira (Azores), donde habían de combatir al prior de Crato, aspirante al trono portugués entonces en manos españolas a través de Felipe II. Acabada su misión, Lope regresa e inicia una de sus primeras relaciones amorosas, de entre las numerosas que se le atribuyen. Se trataba de Elena Osorio (su Filis), mujer bella y cultivada, hija de un empresario y actor teatral, la cual estaba separada de su marido (un actor). Lope escribiría algunas comedias para el padre de Elena. Años después, en 1587, tras enterarse de que Elena planeaba sustituirle por un influyente personaje madrileño (Francisco Perrenot Granvela), Lope difundió unos poemas infamantes contra ella y su familia, lo que le valió un destierro judicial de Madrid, por cuatro años, y de Castilla, por dos. En mayo de 1588, Lope toma por esposa a Isabel de Urbina Alderete (su Belisa), en Madrid. Isabel pertenecía a una familia muy influyente y de linaje antiguo, y es probable que el casamiento, aunque se realizó por poderes, pasara antes por algunas dificultades y supusiera la violación de la orden judicial por parte del escritor, que tenía prohibido regresar a la capital.

Jornada segunda


(Voces de mar, y sale Jonás, profeta, huyendo.)

Jonás¡Vaya el engañador! ¡Matalde! ¡Muera!

¡Oh, bárbaros sin ley, samaritanos!

¿Quién vuestra voz contra mi vida altera?

¡Para un viejo sin manos tenéis manos!

TodosSi le alcanzáis, matadle.

Jonás ¡Quién tuviera

alas en los dos pies, o en estos llanos,

aunque partiera en dos este horizonte!

¡Quién pudiera poner delante un monte!

¡Ah, Samaria cruel! ¡Ah, vil Samaria!

Niegue Dios el rocío a tus sembrados

y del cielo la hermosa luminaria

vista jamás de verde a tus collados!

¡El agua de tus fuentes necesaria,

se agote y seque, contra tus pecados

fuego llueven las nubes a la tierra,

y aunque busques la paz, vivas en guerra!

Nocturnas aves con graznidos roncos

te formen siempre cánticos acerbos;

búhos te espanten con gemidos broncos

perros te aúllen y te bramen ciervos;

sílbente las lechuzas, y en los troncos

las grajas enfadosas, y los cuervos,

cuajando el aire, en ofenderte tercos,

noche vuelvan el día en negros cercos.

Por mandado de Dios fui a predicarte,

y en lugar de imprimirse en ti mi cuento,

has querido, Samaria, amotinarte

y dar tu voz contra mi vida al viento;

en tus vicios, cruel, quiero dejarte,

(Aparece Dios sobre un arco iris, de medio cuerpo.)

aunque no haga de Dios el mandamiento.

Quédate entre tus sierpes, Vehemut fiera,

que a ti no he de volver.

Voz Jonás, espera.

Jonás ¿Quién me llama?

Voz Yo soy que el mundo abarco

con mis dos pies que calzan los coluros.

Jonás¿Dónde estáis que no os veo?

Voz Sobre el arco,

que los ojos del cielo deja oscuros.

Éste mostró mi paz, cuando en el barco

primero entre los vientos mal seguros,

un Patriarca vio tras el diluvio

recamados los montes del Sol rubio.

Aquel creyó, y creyendo, en agua pudo

salvar el mundo; que la fe esto puede,

y a ti dudando te faltó el escudo,

donde no hay golpe que incapaz no quede.

JonásSeñor, yo no he dudado, y si algo dudo,

de aqueste reino mi dudar procede;

que aunque en su oído vuestra voz se forme,

ocupado lo tiene el vicio enorme.

Prediquéle, Señor, y airado y fiero,

en galardón me quiso dar la muerte,

y tu ley en aquel cobrar no espero;

su alma es con los vicios bronce fuerte:

a veces león fui, y otras cordero;

pero no pude de ninguna suerte

en su pecho imprimir tu ley divina;

que el deleite que es tierra a tierra inclina.

Dios Pues tus voces, Jonás, no han sido parte

a reducir esta ciudad perdida,

vuelve tu rostro, y desde aquí te parte

a Nínive, que en vicios divertida

está también.

Jonás ¡Señor!

Dios No hay excusarte.

JonásQuitaránme la vida.

Dios De tu vida

tengo cuidado yo, pues de mi mano

pende la vida del menor gusano.

Diles que dentro de cuarenta días

hagan de sus errores penitencia,

pena de verse entre las manos mías,

en mi juicio, en la postrer sentencia;

haré que caigan de las nubes frías

guerra sobre ellos, sangre y pestilencia,

y si lloran su culpa en los cuarenta,

el premio y el perdón queda a mi cuenta.

Jonás ¿Qué crédito, Señor, darán a un hombre

desnudo y pobre, como yo, esta gente?

Un ángel enviad con que se asombre,

y no enviéis un hombre que os afrente.

¿Qué calidad, qué fama, qué renombre

tenéis, Jonás, para que un caso intente

tan arduo? ¿Qué he de hacer?

Dios ¿Qué estás dudando?

JonásSeñor, yo tengo de ir.

Dios Haz lo que mando.

(Cúbrese la apariencia: queda Jonás solo.)

Jonás Si me escapé en Samaria de la muerte,

a Nínive ¿a qué he de ir sino a otro tanto?

Huir quiero a Sidón, y desta suerte,

Nínive no podrá causarme espanto.

Si es el brazo de Dios eterno y fuerte

cada día le vence nuestro llanto;

huirme quiero a la provincia Tiria,

y envíe Dios sus ángeles a Siria.

Cuatro caminos veo, ¿qué camino

de los cuatro irá a Nínive? Dudando

estoy; por este a huir me determino,

que de la Siria más se va apartando.

Mas ¿qué letras son estas, Dios divino,

que en la arena están? Haz lo que mando,

dicen las letras que borrar procuro;

mas parece que están en bronce duro.

No las puedo borrar, ¡válgame el cielo!

Huiré por este, pues por la arena

las mismas letras forma, haciendo el suelo

blanco papel; mas esto Dios lo ordena.

A Nínive quiero ir; pero recelo

que han de matarme en Nínive. ¿Habrá pena

que se iguale a la mía? No me entiendo;

mas ¡ay! que si no voy, a Dios ofendo.

Pero allí viene un hombre: él podrá darme

lo que mi confusión ciega codicia,

y hacia Tiro o Sidón podrá guiarme,

si tiene de sus términos noticia;

conmigo irá, si quiere acompañarme;

en caballo de miedo o de codicia

viene, sin duda, pues camina tanto.

Dios os guarde.

(Un caminante, que es Demonio.)

Demonio Y a vos el cielo santo.

Jonás ¿Cuál, amigo, es el camino

de Sidón?

Demonio Este que al mar

está, señor, más vecino,

y yo os podré acompañar,

que a Sidón también camino.

Jonás ¿De dónde bueno venís?

DemonioDe Nínive llego agora.

JonásDe Nínive, ¿qué decís?

¿Y a qué Dios Nínive adora?

Demonio¡Ay de mí!

Jonás ¿De qué os sentís?

Demonio Solo en oíros nombrar

a Nínive, el corazón

quiso del pecho saltar.

Jonás¿Pues qué ha sido la ocasión

de vuestro enojo y pesar?

Demonio Nínive, señor, es tierra

tan mala, que la malicia

en sus murallas se encierra:

ni hay Dios, ni hay rey, ni hay justicia,

ni hay virtud, que la destierra;

ella es la ciudad sin Dios,

y para buenos no es buena.

JonásSin duda sois bueno vos,

pues desterraros ordena.

DemonioAquí, para entre los dos,

¿sois de Nínive?

Jonás No, amigo;

solo sé que Dios le tiene

prevenido un gran castigo,

y que allá...

Demonio Si no os conviene,

no vais; porque soy testigo

de las mayores crueldades

que se han visto entre gentiles;

no hicieron tantas maldades

la ciudad de los pensiles

ni otras bárbaras ciudades:

y así, señor, si allá vais,

sin duda os darán la muerte

si en ser vicioso no dais;

id a Tiro y a Sidón

conmigo.

Jonás Digo, que vamos

en buena conversación:

¿qué está escrito en estos ramos?

DemonioLetras son.

Jonás ...