Jornada segunda
(Habitación de Lucindo en la posada. Mesa, cama, sillas, equipaje, etc.)
(Lucindo, Tristán.)
LucindoNo le congoje, Tristán,
que entre y salga quien quisiere.
Parientes suyos serán.
TristánPor mí, sea lo que fuere
ese señor capitán.
Bien sé que en un mes y más
que ninguna cosa das
y mil regalos recibes,
seguro de engaños vives,
pero de amor no lo estás.
Quien no da, no tiene acción
a pedir celos, ni hacer
de agravios demostración;
solo el dar en la mujer
alcanza jurisdicción.
Pero si al fin la desvía
de tu gusto, otro interés
que enriquecerla porfía,
¡lo que no has dado en un mes
vendrás a darlo en un día!...
LucindoNo pienso yo que Fenisa,
Tristán, por otro me deje,
que eso de interés es risa.
TristánAmor, obstinado hereje,
las mesmas verdades pisa.
El que en mujer se confía
lejos está de discreto.
LucindoNo ha sido la culpa mía,
sino de que no pedía
ni pide...
Tristán Así es, en efecto.
No te echo en cara el entrar
en su casa, pues no hay dar
el valor de un alfiler...
LucindoPues, ¿qué entonces?
Tristán El querer.
LucindoNo lo puedo remediar.
Yo la adoro porque sé
que es verdadero su amor,
que sólo yo lo alcancé,
que no hay más competidor
que yo, desde que la hablé.
Ese español capitán
y otros que entran en su casa,
ninguna pena me dan,
porque es cosa que no pasa
de conversación, Tristán.
Fuera de que yo he venido
y me iré cuando quisiere
gustoso y entretenido,
a donde verla no espere
y me la borre el olvido.
Contaré en Valencia el cuento
a los amigos y damas
con grande gusto y contento...
TristánCon razón cuento le llamas...
(Llaman a la puerta.)
Lucindo¿Llamaron?
Tristán Sí, gente siento
(Entran Celia, con manto, y el Escudero con un tabaque cubierto por el tafetán.)
(Dichos, Celia con Escudero.)
Celia¡Qué, descuidado estarás
de esta visita!
Lucindo Jamás,
Celia, lo estoy de mi dueño.
CeliaAllá nos quitas el sueño,
Y aquí sin memoria estás.
Mas, ¿qué, agora te levantas?
LucindoNo duermen los mercaderes
tanto, y más con penas tantas.
Celia¿Penas, si adorado eres?
Lucindo¿De que las tenga te espantas?
CeliaQuisiera, para un presente
que traigo, hallarte acostado;
y este viejo impertinente
tan tarde se ha levantado
—como ya ni ve ni siente—
que a mediodía he venido.
EscuderoSiempre me culpas a mí...
CeliaA no haber ese descuido...
Lucindo¿Que te trae por aquí?
CeliaSeis camisas he traído,
¡Mira qué suave holanda!
Pues no pienses que esto es randa;
todo es fina cadeneta
de la aguja más perfecta
y de la mano más blanda.
Así, espera el enviado
que las tomes sin orgullo
de corazón regalado,
que más puntos que ha labrado
le quedan pasando el suyo.
Mandóme que te vistiese
la mejor, y te dijese
que ¡ojalá que ella pudiera
servirte de camarera!...
y que mi abrazo te diese.
LucindoVenga ese abrazo en buen hora.
Tristán(No desaprovecha un clavo.)
LucindoBien, dirás a tu señora
que soy su rendido esclavo
desde la noche a la aurora.
Dame, Tristán, esa pieza
de tela, que se la lleve
a la celestial belleza,
que es encarnada y su nieve
tendrá mayor gentileza.
TristánVoy por ella.
Celia No, Tristán,
que sé que me matarán
si la llevo... Que es mujer
que no admitirá en su afán
lo negro de un alfiler.
LucindoYa que ella es de condición
tan esquiva, tú bien puedes
tomar en esta ocasión
estos escudos.
Celia Mercedes
como de tu mano son,
mas no los puedo admitir.
Lucindo¿Quién vio tal obstinación?
CeliaAquesta es la condición
que me imponen al venir
TristánEscribir en el mar quiero
y en la nieve quiero arder,
puesto qué a fe de escudero,
¡hoy he visto una mujer
enemiga del dinero!
(Llaman a la puerta.)
Lucindo¿Llaman, Tristán?
Tristán (Incierto.)Sí... Llamaron.
Celia¿No estorbaré?
Lucindo Aguarda aquí...
(Vuelven a llamar.)¿Será?
Tristán Sin duda avisaron
de la Aduana, y así
a verte lo encaminaron.
LucindoHazte pasar.
(Tristán abre la puerta.)
(Entra micer Jacobo, mercader judío, avaro, receloso y adulador; trae una bolsa con escudos y un pliego de contrato.)
(Dichos, micer Jacobo.)
Jacobo (Con reverencia.)
Excelencia...
LucindoPodéis tratar sin recelo
y dejad la reverencia,
que estas cosas de «coincidencia»
han de tratarse en un vuelo.
Celia (A Tristán.)(Yo me voy.)
Tristán (¡Qué te has de ir
si a esto has venido, a husmear!)
Jacobo¿Queréis tratar?
Lucindo A tratar
vamos.
Jacobo (Por los demás.) Os debo advertir,
excelencia, a mi pesar
Lucindo¿El documento está listo?
JacoboSí.
Lucindo ¿Y el dinero también?
JacoboTambién, excelencia.
Lucindo ¿El «visto»
de la Aduana está bien?
Pues terminemos, por Cristo!
Jacobo (Sacando del jubón la bolsa, un pliego, tintero atornillado y pluma.)
Ved el contrato legal,
los sellos... la tasa...
Lucindo (Leyendo con asombro.)
¿Qué?
Tristán (Ya va sintiendo el dogal
que le aprieta.)
Lucindo ¡No podré
con una humillación tal!
Sanas son mis mercancías
en buen estado han llegado...
Jacobo¡Excelencia!...
Lucindo Y se han sellado
un la Aduana, y los guías
testimoniaron ayer
que telas y frutas son
de excelente condición.
JacoboNo hay, excelencia, poder
que no sufra alteración;
por medianas me las dan
y por medianas las tomo.
Lucindo¿Pero no escuchas, Tristán?
TristánEscucho y reniego.
Lucindo ¿Cómo
los de la Aduana están?
Jacobo (Levantándose y recogiendo el tintero y los documentos.)
Yo imaginaba, excelencia,
que era asunto terminado,
y como tal, pedí audiencia;
que a habérmelo...