Jornada segunda
(Salen doña Clara, Julia y don Juan.)
Clara Paso a la calle Mayor,
y quise veros, don Juan.
JuanEl que no tuviere amor
será de todas galán
y todas le harán favor.
Lo que quisieres comprar
quiero esta tarde pagar,
ya que en mi casa has entrado.
ClaraNo vengo a daros cuidado.
JuanNunca me le ha dado el dar.
Clara Saber de vos deseaba,
que ha mil años que no os veo,
y porque ayer donde estaba
creció, don Juan, mi deseo
lo que de vos se trataba.
Solíades navegar
de aquesta corte en el mar
sin que el agua os diese pena;
pero ya cierta sirena
dicen que os supo engañar.
Juan Pues, Clara, fue impertinencia
de algún galán, engañado
por celosa competencia;
que soy Ulises atado
al árbol de mi prudencia,
que, si bien me detenía
cierta dama, a quien servía,
de su misma condición
saqué el olvido, en razón
del amor que me tenía.
Clara Que no hay para qué encubrirme
en lo que os puedo servir;
que, aunque más secreto y firme,
de Celia os puedo decir
más que vos podéis decirme.
Soy su amiga desde un día
que por cierto don García
fingí unos celos con ella.
JuanYa sé yo lo que por ella
ese galán padecía;
que de ejemplo me sirvió
para saber defenderme.
ClaraLuego ¿ya el amor cesó?
JuanNo ha cesado, pero duerme,
y no le despierto yo.
A la hermosa Celia vi,
enamoróme, serví,
obligué, túvome amor,
milagro de su rigor,
y mal empleado en mí.
No porque le fuese ingrato;
que con honesta afición
la visito, sirvo y trato;
mas porque es su condición
del mismo viento retrato.
Pienso que venganza ha sido,
Clara, de Amor ofendido,
pues cuanto crece su amor,
sin estimar su favor,
se va aumentando mi olvido.
Celia es un gran casamiento,
porque es muy rica y hermosa
y de claro entendimiento;
pero el alma, recelosa,
camina en su amor a tiento.
Puede ser también que el ver
el rigor de una mujer,
que a tantos ha despreciado,
reducido a tal estado,
me obligue a no la querer.
Porque ver en su aspereza
lágrimas, y en sus papeles
locuras, a tal tibieza
me obligan que son crueles
mis ojos con su belleza.
Porque de verla llorar,
a diferente lugar
miro, por no me reír
y, aunque lo sabe sentir,
lo sabe disimular.
Ansí se va entreteniendo
Amor de Celia, vengando
los que le andaban sirviendo.
Clara¿Celia llega a estar llorando,
y vos de verlo riendo?
¡Brava vitoria, don Juan!
¿Dónde del amor están
los blasones vencedores?
No se han escrito mayores.
Eterno laurel os dan.
Pero guardaos, que es mujer
que sabrá llorar y hacer
esas finezas con vos;
pero si os coge, ¡por Dios!,
que os dure poco el placer.
Vengará vuestros desprecios
cuando no podáis comprar
su amor con iguales precios.
Juan¿Cómo puedo yo llegar
a pensamientos tan necios?
Quien no se quiere perder,
no se pare.
Clara ¿Qué ha de hacer?
JuanQuerer cuanto ver pudiere,
porque quien a muchas quiere
a nadie puede querer.
Así las libres mujeres
no tienen jamás amor,
variando en sus placeres,
y quieren teniendo honor
por no mudar pareceres.
Clara ¡Qué gran castigo os espera
de esa libertad!
Juan Si fuera
sólo con ella mi amor.
Así lo paso mejor.
¿Dígole yo que me quiera?
(Sale Martín.)
Martín Aunque te causo disgusto,
no puedo dejar de darte
de cierta visita parte.
JuanSin gusto, Martín, no es justo.
¿Quién duda que Celia es?
MartínLa misma.
Juan Pues vuelve y di,
necio, que no estoy aquí.
Martín¿Si viene con ella Inés,
que sabe que en casa estoy?
Julia¿Piensas que celos me das?
Martín¡Oh Julia amiga! ¿Aquí estás?
JuliaAquí estoy.
Martín Volando voy
a decirles que los dos
no estamos en casa.
(Vase.)
Clara Agora
creo que Celia te adora.
JuanCánsame el alma, ¡por Dios!
Clara ¿Una mujer tan gallarda
que te viene a ver despides?
¡Brava arrogancia! A Amor pides
la venganza que te aguarda.
¡Lástima me da! No seas
cruel. Llamarla es mejor,
que yo a la Calle Mayor
me voy.
Juan Clara, no lo creas.
Clara No tendrá celos de mí.
Llámala, ¡por vida mía!
JuanYa fuera descortesía
de saber que estoy aquí.
(Sale Martín.)
Martín Celia se fue recelosa,
señor, de que en casa estás.
Juan¿Qué dijo?
Martín No dijo más
de que es discreta y hermosa.
Echóse el manto, y sería
para cubrir los enojos
que en el papel de sus ojos
Amor con agua escribía.
Dio un suspiro que pudiera
romper, no el doblez sencillo
del manto, mas si el soplillo
lámina de bronce fuera.
Palabras dijo de agravios,
murmuradas con un «mientes»
entre perlas de sus dientes
y corales de sus labios.
Que lloró fue cosa cierta,
o si no, fueron enojos;
algo llevaba en los ojos
que no acertaba a la puerta.
Así por el manto a Inés
y ella sacó por lo bajo;
fuile a remediar un tajo,
y sacudióme un revés.
«No conmigo picardías
—dijo—, su amo está acá;
que, adonde su perro está,
también está Tobías.»
Juan Yo, Clara, gusto en extremo
de atropellar el rigor
de mujer de tal valor.
ClaraYa te he dicho lo que temo.
Juan Ven al jardín, que esto es
querer más mi libertad.
(A Julia.)
Martín¿Cómo estamos de amistad?
JuliaDaréle el revés de Inés.
(Vanse. Salen don García y Alberto, su amigo, de noche.)
GarcíaPensé partirme, y no me dejan celos.
AlbertoAsí castigan al Amor los cielos.
En Milán os contaba, don García.
GarcíaPara el de Feria y Santa Cruz tenía
cartas del Almirante y el de Sesa;
tuvo el Amor de los cabellos presa
mi determinación, y no he podido
partirme, aunque mejor hubiera sido.
Salgo de noche a sólo ver la puerta,
alguna vez a mi favor abierta,
y he visto un caballero disfrazado
llegar, llamar y entrar con un criado.
AlbertoPues ¿por qué no le habéis...