Jornada segunda
(Sale un ángel con una lanza y Teresa de Jesús.)
Ángel Si el corazón de Dios habéis herido
con vuestras oraciones amorosas,
recibid estos golpes que os envía,
rásguese vuestro pecho enternecido,
y causen las heridas rigurosas
pena, dolor, contento y alegría.
Y si es ferviente fría,
la punta de este dardo fuego tiene,
fuego de amor, que enciende y nunca abrasa;
no os quemará su brasa,
porque templado con el hierro viene;
sufrid agora, y luego
podréis tocar con el amor a fuego,
que es lo que más le agrada,
veros arder y veros ahumada.
(Vase.)
TeresaHerid, herid con goldes más continos;
dejadme el pecho, si gustáis, rasgado,
y una ventaja os llevaré en el suelo,
pues a vos, dulce Esposo, os dio Longinos
la lanzada con que os rompió el costado,
y a mí me abrasa un serafín del cielo:
heridme sin recelo,
seré herida cierva, y vos la fuente,
a mi sed suficiente,
que otra agua no apetezca;
la fuente salutífera merezca,
en cuyas aguas vivas dé a mi fragua
el dardo el fuego, y vuestra fuente el agua.
(Vase; sale Mariano de ermitaño, y la Abadesa, y Petrona de motilona.)
Mariano Qué, ¿ya está doña Teresa
en ese punto, señora?
AbadesaMorirá dentro de un hora.
MarianoPor cierto, mucho me pesa;
grande sierva de Dios era.
AbadesaGrandes muestras había dado.
Mariano¿Al fin la han desahuciado?
AbadesaSólo su muerte se espera.
Mariano¿Qué mal tiene?
AbadesaUn accidente
que me ha puesto en confusión;
él es mal de corazón,
porque ni habla ni siente.
Mariano¿Qué habrá que este mal le dio?
AbadesaTres días debe de haber.
Mariano¿De qué pudo suceder?
AbadesaNo lo puedo saber yo.
Sólo sé por cosa cierta
que su mal no tiene cura
sino el de la sepultura,
que presto veréis abierta.
MarianoSabe Dios lo que me pesa
que falte en esta ocasión,
porque de una Religión
ha de ser madre Teresa.
La cual crecerá de suerte
por todo el mundo, que asombre,
donde ha de tener por nombre
mujer varonil y fuerte.
Mil prodigios ha de obrar
la que veis tan humillada,
y siendo virgen hallada,
con sus hijos se ha de honrar.
Y por soberanos modos
crecerán tanto, que entiendo
que andarán los más pidiendo,
y andarán descalzos todos.
Abadesa Y ¿eso lo tenéis creído?
MarianoEso será cosa cierta.
AbadesaVos la vendréis a ver muerta
antes que aqueso cumplido.
Mariano ¿Remedios no se le han hecho
en este mal que ha tenido?
AbadesaTodos cuantos se han podido;
pero no son de provecho.
Tres doctores la visitan,
y no hay remedio que cuadre.
PetronaAntes me parece, padre,
que su muerte solicitan.
MarianoContra Dios no hay resistir.
AbadesaNi contra la muerte hay artes.
MarianoDios la eche a aquellas partes
donde más se ha de servir.
Abadesa ¿Queréisla ver?
Mariano Sí quería.
AbadesaPues vedla subida en calma.
MarianoDios se acuerde de su alma;
que es lo que importa este día.
(Corre una cortina, y está Teresa como que se está muriendo.)
Abadesa Teresa está de esta suerte.
MarianoPor cierto, gran confusión;
cualquier mal de corazón
es imagen de la muerte.
Abadesa Buen nombre dado le habéis;
padre, encomendalda a Dios.
MarianoEso podéis hacer vos,
pues tanto con Dios podéis.
Abadesa Padre, vos por ella orad,
que yo soy gran pecadora.
Ocasión tenéis ahora;
en ese oratorio entrad.
Mariano A Dios la encomendaré,
y si acaso en sí volviese,
porque al punto se confiese,
cerca, señora, estaré.
(Vase el ermitaño.)
Petrona Dígame, por vida mía,
¿qué fraile es ése?
Abadesa Es un santo,
que rasga al cielo su manto
el aire que Dios envía.
Petrona Y el Papa, ¿no le persigue?
Abadesa¿Qué es lo que dices?
Petrona Dirélo,
que pues rasga el manto, al cielo,
es bien que Dios le castigue.
Abadesa No entiendes bien lo que digo.
Petrona¿Quién mi verdad interrumpe?
Si es que el manto al cielo rompe,
¿no merece gran castigo?
Abadesa En medio de la oración,
cuando elevado se ve,
la maestra de su fe
abre a Dios el corazón.
Petrona ¿Hay tan gran bellaquería?
¡Que a Dios el corazón abre!
Y ¡que no le descalabre
un tiro de artillería!
Abadesa ¿Tú no ves que es fray Mariano,
y que es un santo, Petrona?
PetronaY dígame, ¿es de corona?
AbadesaTéngate Dios de su mano.
Petrona El es un mal frailejón.
Abadesa¡Calla!
Petrona ¿Por qué ha de ser santo
quien al cielo rasga el manto
y abre a Dios el corazón?
Abadesa ¿Quién vio mayor inocencia?
digo que cuando está orando,
que Dios le está regalando
con los rayos de su ausencia.
Que el decir que rasga el manto
del cielo que le enamora,
y el pecho le abre, si llora,
es decirte que es un santo.
Petrona Pues conmigo, ¿qué servía
decírmelo con rodeo,
si no es que tiene deseo
que diga alguna herejía?
Abadesa Petrona, quédate aquí;
ten cuidado con la enferma.
PetronaRuegue a Dios que no me duerma,
que bien puede fiar de mí.
(Vase; échase Petrona a los pies de la cama; sale fray Mariano haciendo oración.)
Mariano ¡Sacro Pastor del cielo,
con el cayado de la cruz hermosa,
guardad esta ovejuela temerosa,
cuya piel erizada,
con vuestra sangre viene señalada!
Guardadla, Cristo amado,
del fiero lobo que la mira hambriento;
mirad que os ha costado
más interés que vale el firmamento,
cuyas alfombras bellas
tienden a vuestras plantas las estrellas.
Miradla, Pastor justo,
con ojos de piedad y de concordia;
y pues siempre os da gusto
que os pida el pecador misericordia,
yo, viendo el cuerpo en calma,
en su nombre os la pido por su alma.
(Suena una trompa en lo alto; aparecen la Justicia, San Miguel, con un peso, y en lo bajo, un ángel y un demonio.)
San MiguelEs el pleito, Señor, que se litiga
entre el Ángel de Guarda y el Demonio,
sobre un alma que sale ya del cuerpo
de una doña Teresa de Ahumada,
monja profesa en la ciudad de Ávila;
sobre esto ha sido el pleito, y la discordia.
DemonioJusticia pido.
Ángel Yo misericordia.
Mariano Señor, si...