Jornada segunda
(Salen Pinabelo y Fabio.)
Pinabelo Luego que el rey se casó,
Fabio, me ausenté de aquí.
FabioBien habrá tres años.
Pinabelo Sí.
Fabio¿Y vienes mudado?
Pinabelo No,
que así quiero a la duquesa
como la quise al partir,
conservando hasta morir
aquella imposible impresa.
Traigo la misma afición,
porque no vencen los años
lo que con los desengaños
no ha podido la razón.
En mi destierro he vivido,
porque en aquella cuestión
de Alberto, mi padre Otón
fue de mi amor defendido.
Así se va conservando
del mundo el curso y creciendo;
los humillados subiendo,
los levantados bajando.
¿Qué nuevas hay por acá?
FabioQue a Frisia el rey este día
a su mayorazgo envía.
Pinabelo¿Por qué?
Fabio Pídensele allá,
que como la bella Elena
jamás le ha dejado ir,
no puede el reino sufrir
su ausencia sin mucha pena,
y así, para su consuelo,
al príncipe les ha enviado.
Pinabelo¿Es hermoso?
Fabio No ha criado
más bello Narciso el cielo.
Pinabelo Todo aumenta mi dolor.
(Sale Otón.)
FabioTu padre.
Otón ¿Cómo has entrado
antes de haberte avisado?
PinabeloSin avisos parte Amor.
Otón Pudiera venirnos daño
del haberte conocido.
PinabeloNadie me ha visto.
Otón Hoy ha sido
el primero de mi engaño,
y por eso te avisé,
porque esta noche sospecho
que ha de tener fin mi pecho
a lo que ayer comencé.
Pinabelo ¿Cómo, señor?
Otón No he podido,
por discordias que he sembrado,
vencer este amor casado
que está a dos almas asido;
pero agora que intenté
decir que a su amor traidora
es la duquesa, que adora,
más puerta a su enojo hallé.
Pinabelo Pues, ¿a qué efeto?
Otón En razón
de que llevándole a ver
la traición de su mujer,
aunque fingida traición,
saldrás tú con tus criados
diciendo que la defiendes
porque su inocencia entiendes.
Y los nobles, convocados
a voz de que el rey la mata
por casarse en Francio luego,
verás que se enciende un fuego
que hasta incendio se dilata.
Porque el pueblo, defendiendo
a su natural señora,
que, como sabes, la adora,
le ha de ir buscando y siguiendo
con las armas en las manos.
PinabeloDiscordia se ha de sembrar
que venga a resucitar
los griegos y los troyanos,
porque Elena, aborreciendo
por el testimonio al rey,
romperá de amor la ley
vida y honra defendiendo,
y el rey, por verse ofendido,
tanto la ha de aborrecer,
que no se vuelvan a ver.
OtónAdvierte que prevenido
con gente a mi aviso estés.
PinabeloEl rey viene. Adiós te queda.
OtónComo esto bien nos suceda,
tuya la duquesa es.
(Vase Pinabelo.)
Otón Fabio, silencio.
Fabio Ya sabes
que sé callar como hacer.
OtónCierra el alma.
Fabio Desde ayer
le di al peligro las llaves.
(Salen el Rey y Aurelio.)
Rey Como si hubiera mil años
que el príncipe se partió,
vivo, Aurelio, y muero yo
haciendo a su ausencia engaños.
Aurelio No me espanta, que él merece
ese cuidado en que estás.
ReyNo puedo quererle más,
y el ausencia el amor crece.
Quien tiene amor que en rigor
no puede aumentarse ya,
ausente el bien y verá
cómo se aumenta el amor.
Aurelio Yo te he visto aquestos días
con extraño sentimiento.
¿Era de este pensamiento,
o por ventura tenías
alguna oculta tristeza?
Rey¡Ay, Aurelio! ¡Qué rigor
del mundo dar del honor
las llaves a la flaqueza!
Aurelio No lo entiendo.
Rey En la mujer,
que es la flaqueza mayor,
¿no está del hombre el honor?
Pues, qué mayor puede ser?
Aurelio Eso, ¿qué te toca a ti?
ReyNo digo que me ha tocado,
mas que un hombre me ha contado
que puede tocarme a mí.
Aurelio ¿Hombre fue tan atrevido
ni de burlas ni de veras?
ReySi su autoridad supieras,
casi lo hubieras creído.
Aurelio Sin sentido me has dejado.
Mas ¿puede su autoridad
ser más que la calidad
de la que tienes al lado?
Rey Conozco que Elena es buena;
pero el testigo es con canas.
AurelioBien puede haber dos Susanas
y sólo una falsa Elena.
Porque canas no son ya
del mundo en tanto tenidas
que merezcan ser creídos.
Rey ¿Canas no?
Aurelio Muy claro está;
pues ya los más de los hombres
las disimulan y cubren.
ReyLa edad a la vista encubren,
no la verdad ni los nombres,
y a quien las muestra tan bien,
darla crédito es razón.
AurelioAquí, señor, está Otón.
ReyPues ése lo sabe bien.
Vete, Aurelio, que sin duda
en esto me viene a hablar.
AurelioNo te acierto a aconsejar,
que hasta el alma tengo muda.
Rey Bien puedes llegar, Otón.
OtónDeseo tengo de hablarte,
porque ya he visto la parte
y el dueño de la traición.
Rey Otón, en duda que mentirme puedes,
y que puedes decir verdad, en duda,
a Frisia envío al príncipe con lágrimas
de la duquesa, que su ausencia siento,
temiendo que no es fuerza, sino engaños,
llevar a Frisia a un niño de tres años.
No te he creído, porque no era justo,
ni tampoco he dejado de creerte,
ya por tu autoridad, ya por tus canas.
¿Qué es lo que agora dices, que me tienes
sin alma, con más penas y cuidados,
que el que colgada de un cabello tuvo
la espada del tirano de Sicilia?
Otón ¿Has dado cuenta a Aurelio de este caso?
ReyNo te quiero engañar. Ya sabe Aurelio
que tú me has dicho mal de la duquesa.
OtónY ¿qué te ha dicho?
Rey Que mentir podrás.
Yo te aboné, si la verdad te digo,
con esas canas.
Otón ¿Qué te dio en
respuesta?
ReyQue las tenían otros que a Susana
levantaron el falso testimonio.
OtónSi fuera el persuadirte con historias;
más efectiva persuasión bien creo
que hallara algunas en la historia sacra.
Mas dime solamente: ¿Eres más...