: Félix Lope de Vega y Carpio
: Las grandezas de Alejandro
: Linkgua
: 9788498977363
: Teatro
: 1
: CHF 2.70
:
: Dramatik
: Spanish
: 148
: DRM
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Las grandezas de Alejandro es una tragicomedia compuesta por Lope de Vega entre 1604 y 1608. Se centra en la figura de Alejandro Magno, rey de Macedonia desde 336 a. C. hasta su muerte. Las grandezas de Alejandro narra la vida y hazañas de Alejandro Magno. Con todo, debe mencionarse que el Fénix adapta al héroe a sus propósitos, y nos lo presenta distinto al de la tradición medieval. Acaso más cercano al imaginario de los destinatarios de la obra. Para su elaboración, Lope de Vega se servirá de la tradición latina y la tradición oral y folklórica. Lope agrega, además de la caracterización de Alejandro, pequeños matices propios que hacen del personaje un claro ejemplo para el público que acudía a los corrales, que se impregnaba del carácter extraordinario de los personajes clásicos, admirándolos y ensalzándolos en su categoría de héroes.

Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1637). España. El que fuera llamado 'Fénix de los ingenios españoles', Félix Lope de Vega Carpio, nació en Madrid a finales de 1562. Su padre, el artesano bordador Félix de Vega, y su madre, Francisca Fernández Flórez, eran, probablemente, oriundos del valle de Carriedo (Cantabria), y se trasladaron a Madrid hacia 1561. El origen humilde de Lope de Vega sería transformado por él mismo en una imaginada hidalguía; de hecho, Lope siempre fue dado a investirse con atributos que le favorecieran y nunca ocultó su abultado deseo de fama y éxito. Sea como fuera, cristiano viejo o converso, lo que sí refleja su obra es una completa y cabal asimilación de los valores imperantes en la sociedad de su tiempo. Lope estudió primero en la escuela madrileña de Vicente Espinel, por quien siempre demostró estima y admiración, y después en un colegio jesuita que, años después, se llamó colegio Imperial. Posteriormente, al parecer entre 1577 y 1581, estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aunque no consta que obtuviera ningún título. Es probable, también, que siguiera algunas lecciones en la Universidad de Salamanca. Tras servir, desde muy joven, al obispo de Cartagena, inquisidor general y más tarde obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique, Lope se alista en una escuadra de navíos y, en junio de 1583, zarpa de Lisboa rumbo a la isla Terceira (Azores), donde habían de combatir al prior de Crato, aspirante al trono portugués entonces en manos españolas a través de Felipe II. Acabada su misión, Lope regresa e inicia una de sus primeras relaciones amorosas, de entre las numerosas que se le atribuyen. Se trataba de Elena Osorio (su Filis), mujer bella y cultivada, hija de un empresario y actor teatral, la cual estaba separada de su marido (un actor). Lope escribiría algunas comedias para el padre de Elena. Años después, en 1587, tras enterarse de que Elena planeaba sustituirle por un influyente personaje madrileño (Francisco Perrenot Granvela), Lope difundió unos poemas infamantes contra ella y su familia, lo que le valió un destierro judicial de Madrid, por cuatro años, y de Castilla, por dos. En mayo de 1588, Lope toma por esposa a Isabel de Urbina Alderete (su Belisa), en Madrid. Isabel pertenecía a una familia muy influyente y de linaje antiguo, y es probable que el casamiento, aunque se realizó por poderes, pasara antes por algunas dificultades y supusiera la violación de la orden judicial por parte del escritor, que tenía prohibido regresar a la capital.

Jornada segunda


(Salen Darío, Rey de los persas, Menón, Teleo y soldados.)

Darío ¿Que se atreverá, Menón,

ese Alejandro a pasar

al Asia?

Menón De la opinión

que ya empieza a ganar

podrás saber la razón.

Darío¡Por Júpiter, que estoy loco

si son ciertas esas nuevas!

Menón Tan ciertas, que yacen muertos

noventa mil hombres ya,

que estaban de verle inciertos.

DaríoY ¿dónde dicen que está?

MenónMuy cerca de nuestros puertos;

que los esclavos vendió,

y a sus soldados les dio

todo aquel grande tesoro;

que a precio de plata y oro

sus voluntades compro;

los que de su poca edad

se burlaban, ya le nombran

incendio, rayo y deidad.

DaríoSon griegos los que se asombran

de esa vil temeridad.

No somos así los persas;

son nuevas esas fortunas,

comienzan veces diversas

a ser prósperas algunas

para acabar en adversas.

Como eres griego, Menón,

alabas al Macedón.

MenónGriego soy, más su contrario

después que te sirvo, Darío,

con la lealtad que es razón.

Y con ella no cumpliera

cuando aquí no te avisara

que dejes la guerra fiera

con Alejandro.

Darío Repara.

MenónEsto es verdad.

Darío Considera

que soy Rey de Persia.

Menón Advierte

que ese mancebo orgulloso

viene en hombros de la suerte.

DaríoSi es Alejandro dichoso,

yo soy, Menón, rico y fuerte;

estorba luego su entrada

en Asia desde este puerto.

MenónÉsta es mi vida y mi espada.

DaríoParte con gente, encubierto,

animosa y bien armada,

y ese muchacho atrevido

envíamele azotado

luego que le hayas vencido.

MenónNo será poco cuidado

si el paso a Alejandro impido;

vaya Vuestra Majestad

seguro de mi deseo.

DaríoEa, soldados, marchad,

que ya a vuestras plantas veo

su loca temeridad.

Decid a ese temerario

mozuelo, atrevido, ciego,

arrogante, loco y vario,

para que se rinda luego,

que sois la gente de Darío.

(Vase.)

Menón ¡Qué fácil le ha parecido

el rendir este mancebo!

TeleoTambién tú, Menón, has sido,

siendo su nombre tan nuevo

y apenas del Asia oído,

con el Rey muy porfiado.

Menón¿Quién te mete a ti, soldado

de la guerra, en los consejos

donde no hablan los viejos

y viene el Rey engañado?

Teleo La razón de ver que asombres,

con Alejandro y sus viles

soldados, tan fuertes hombres.

¿Qué Héctor, qué Eneas, qué Aquiles,

para que a Darío le nombres?

Es un muchacho liviano,

cuyas grandezas fingidas

ocupan al viento vano.

MenónNo digas más.

Teleo No me impidas...

Menón¿Cómo no?

Teleo ¡Detén la mano!

Menón ¡Detener! con esta daga

detendré tu injusta mengua.

Teleo¡Muerto soy!

Menón No te doy paga

para que diga la lengua

lo que la espada no haga.

Si eres a Darío fiel,

sirve de otra suerte a Darío;

que no llevas sueldo dél

por decir mal del contrario,

mas por pelear con él.

Ea, soldados; si es justo

obedecer, alto al puerto,

contra el Macedón robusto

buen ánimo, aunque os advierto

de que no voy con mi gusto;

Llámele Darío, mozuelo;

que, aunque llevamos ventaja

en gente, en armas y en celo,

yo pienso que al Asia baja

el mayor rayo del cielo.

(Vanse.)

(Dentro:) ¿Tierra, tierra, soldados; ésta es Asia,

tercera parte, y la mayor, del mundo!

Todos¡Tierra, tierra, desata esos barcones!

¡Acosta, llega!

(Véase Alejandro armado, en una proa de una nave, de pie, con una lanza en la mano.)

Alejandro Nadie tome tierra,

soldados, antes que desde esta nave

Alejandro la hable y desafíe;

ni salte en ella, pena de la vida,

antes que yo, ninguno.

(Dentro:) ¡Hola, soldados!

Vaya pasando la palabra a todos:

que nadie sea osado a tomar tierra

primero que Alejandro.

Alejandro Aquesta lanza,

Asia enemiga, por señal que vengo

a hacerte guerra, de esta suerte arrojo

desde mi nave, porque en ningún tiempo

digas que me acogiste y te doy guerra.

(Tira la lanza y quitase.)

(Dentro:)

EfestiónYa la tierra ha sentido de Alejandro,

antes que el pie, las armas; ya no puede

quejarse de que fue huésped ingrato.

¡Hola, acostá esas barcas, echad planchas,

guarnid esos montones, poned cuerdas;

guindemos lo primero los caballos!

(Dentro:)

Lisímaco¿Hay resistencia?

(Dentro:)

Efestión No.

(Dentro:)

Lisímaco Pues si no hay guerra,

¡acosta, acosta; salta; tierra, tierra!

(Sale Alejandro solo.)

Alejandro Puesto que salgo del mar,

no te beso, madre amada,

que era traición si mi espada

hoy te viene a ensangrentar;

no dirás que entro a engañarte,

pues desde el mar, madre tierra,

te notifiqué la guerra

que Alejandro viene a darte.

No dirás que te pisé

huésped, y que fui traidor,

pues que fue mi embajador

la lanza que te arrojé.

Como me has visto saltar

en ti del mar el primero,

cree que seré el postrero

que vuelva después al mar.

Ya sale toda mi gente;

Asia, tiembla; que ha salido

del mar el fuego, encendido

que ha de abrasar el Oriente.

(Salen todos los que puedan del ejército de Alejandro, Efestión, Leónides, Aminta, con su hábito de hombre, y Vitelo.)

Efestión Danos a besar los pies.

AlejandroHaberme los pies besado

con que hoy el Asia he pisado,

agüero de imperio es.

Alzaos todos; pues, Aminta,

¿vienes buena?

Aminta Y de tal suerte,

que triunfando de la muerte

hoy el corazón me pinta;

no traes soldado aquí

que tenga más corazón.

AlejandroEfectos, Aminta, son

de los brazos que te di.

Quien a Alejandro se llega,

participa su valor;

que el valor es como olor,

que adonde toca se pega.

Pues, amigo Efestión,

ya estamos en Asia, ya

Alejandro en Asia está,

¿qué te dice el corazón?

Efestión Que tu valor y ventura,

del mundo te harán señor.

AlejandroMucho el celestial...