: Félix Lope de Vega y Carpio
: La hermosa Ester
: Linkgua
: 9788498977233
: Teatro
: 1
: CHF 2.70
:
: Dramatik
: Spanish
: 124
: DRM
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
En La hermosa Ester Lope de Vega dramatiza esta impresionante historia bíblica en un tono grave y elevado, subrayando su grandeza épica, inundando de lirismo determinados pasajes y manipulando levemente la materia de la fuente para que la intriga evolucione con un admirable equilibrio a lo largo de los tres actos. El manuscrito, conservado en el British Museum de Londres, nos proporciona el lugar y la fecha de su finalización: Madrid, 6 de abril de 1610.

Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1637). España. El que fuera llamado 'Fénix de los ingenios españoles', Félix Lope de Vega Carpio, nació en Madrid a finales de 1562. Su padre, el artesano bordador Félix de Vega, y su madre, Francisca Fernández Flórez, eran, probablemente, oriundos del valle de Carriedo (Cantabria), y se trasladaron a Madrid hacia 1561. El origen humilde de Lope de Vega sería transformado por él mismo en una imaginada hidalguía; de hecho, Lope siempre fue dado a investirse con atributos que le favorecieran y nunca ocultó su abultado deseo de fama y éxito. Sea como fuera, cristiano viejo o converso, lo que sí refleja su obra es una completa y cabal asimilación de los valores imperantes en la sociedad de su tiempo. Lope estudió primero en la escuela madrileña de Vicente Espinel, por quien siempre demostró estima y admiración, y después en un colegio jesuita que, años después, se llamó colegio Imperial. Posteriormente, al parecer entre 1577 y 1581, estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aunque no consta que obtuviera ningún título. Es probable, también, que siguiera algunas lecciones en la Universidad de Salamanca. Tras servir, desde muy joven, al obispo de Cartagena, inquisidor general y más tarde obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique, Lope se alista en una escuadra de navíos y, en junio de 1583, zarpa de Lisboa rumbo a la isla Terceira (Azores), donde habían de combatir al prior de Crato, aspirante al trono portugués entonces en manos españolas a través de Felipe II. Acabada su misión, Lope regresa e inicia una de sus primeras relaciones amorosas, de entre las numerosas que se le atribuyen. Se trataba de Elena Osorio (su Filis), mujer bella y cultivada, hija de un empresario y actor teatral, la cual estaba separada de su marido (un actor). Lope escribiría algunas comedias para el padre de Elena. Años después, en 1587, tras enterarse de que Elena planeaba sustituirle por un influyente personaje madrileño (Francisco Perrenot Granvela), Lope difundió unos poemas infamantes contra ella y su familia, lo que le valió un destierro judicial de Madrid, por cuatro años, y de Castilla, por dos. En mayo de 1588, Lope toma por esposa a Isabel de Urbina Alderete (su Belisa), en Madrid. Isabel pertenecía a una familia muy influyente y de linaje antiguo, y es probable que el casamiento, aunque se realizó por poderes, pasara antes por algunas dificultades y supusiera la violación de la orden judicial por parte del escritor, que tenía prohibido regresar a la capital. Tras su boda, y ante la imposibilidad de estar en Madrid con su esposa, es probable que Lope de Vega se alistara como voluntario, junto a su hermano Juan, en la Armada Invencible, a bordo del galeón San Juan. Tras el fracaso de la expedición, en la que su hermano perdió la vida, Lope estará sucesivamente en Cádiz, Toledo, donde se reúne con Isabel (violando la orden de destierro), y Valencia, donde se establece el matrimonio hacia 1589. Valencia era una de las principales ciudades españolas, y su actividad teatral era de las más notables; allí se relacionó con dramaturgos locales como Francisco Tárrega, Carlos Boyl, Gaspar Aguilar y Guillén deCastro. Su actividad como escritor de comedias pasó de ser un divertimento a una actividad profesional con la que sostenía a su familia y con la que iba ganando creciente fama y popularidad, algo, como se dijo antes, muy conscientemente buscado por el escritor.

Jornada segunda


(Mardoqueo e Isaac, hebreo.)

Mardoqueo Llevada, finalmente, Isaac amigo,

la bella Ester al poderoso Asuero,

halló gracia en sus ojos de tal suerte,

que preparando a sus mayores príncipes,

la fiesta de un convite suntuoso,

la coronó por reina de la India,

y puso la diadema en la cabeza

de ciento y veinte reinos y provincias.

Con esto y el amor, que siempre crece,

es dueña Ester de todos sus sentidos,

por dicha, para bien de los hebreos,

que lloramos cautivos las memorias

de nuestra amada patria, de la santa

Jerusalén, desde los tristes días

que venció Donosor a Jeconías.

Isaac¿Y tú no vives, noble Mardoqueo,

con más honor del que presente veo?

Mardoqueo No he querido que Ester al Rey le diga

que soy su tío, ni lo sabe alguno

de los persas que viven en su casa,

ni su nación ni patria le he mandado

que diga hasta su tiempo.

Isaac Mal has hecho,

porque con tanto amor, si la supiera,

para nuestra prisión remedio fuera.

Mardoqueo Diversas cosas va ordenando el cielo

para bien del cautivo pueblo suyo,

de las que puedes tú pensar agora,

de las cuales Ester será la estrella;

tiéneme un sueño, Isaac, tiéneme un sueño

lleno de confusión.

Isaac Pues qué, ¿imaginas

que no es sueño animal, de los que nacen

de la solicitud del pensamiento?

MardoqueoPor sobrenatural le temo y siento.

Yo vi romperse el cielo por mil partes

con horrísonos truenos, y hacer guerra

uno con otro dos dragones fieros,

a cuya confusión vi que salían

dos ejércitos fuertes a batalla

campal contra los justos inocentes,

los cuales, viendo la tragedia tristes

de sus amadas vidas, con mil lágrimas

pidiendo estaban su remedio al cielo.

Entonces una humilde fuentecilla

iba saliendo con pequeña fuerza,

pero creció de suerte, que excediendo

las márgenes floridas con las aguas,

se vino a hacer un caudaloso río;

el Sol salió con mil hermosos rayos,

y dándoles mil géneros de muertes,

los humildes vencieron a los fuertes.

Isaac ¿Consultaste al Señor sobre este caso?

MardoqueoYo pienso que ha de ser para bien nuestro,

aunque ha de ser por medio de mil penas;

mas como al Sol precede oscura noche,

así la gloria de las penas sale.

Isaac ¿Quién es aqueste?

Mardoqueo Este es Amán, un príncipe

que preside a los otros, tan soberbio

con el imperio, que me causa enojos.

IsaacTodos se van hincando de rodillas.

MardoqueoYo no, que solo a Dios hincarlas pienso,

que no quiero quitar lo que le debo,

por darlo a la criatura, que bien sabe

el mismo Dios, que no es por ser yo grave.

(Acompañamiento, Amán detrás, y alguna gente hincándose de rodillas.)

Amán ¿Quién sois vos?

Portero Yo soy, señor,

de la Audiencia Real portero;

hacedme aqueste favor.

AmánNi agora puedo ni quiero

servir.

Portero ¡Qué extraño rigor!

Amán¿Vos quién sois?

II Pobre soldado

que de Numidia ha llegado.

Amán¿Mejor no fuera servir

hasta morir, que venir

a ser ocioso y cansado?

¿Y vos, viejo?

III Yo serví

a Vastí.

Amán Ya no hay Vastí.

¿No sabéis que reina Ester?

¿Qué os cansáis en pretender?

¡Hola! Apartaldos de aquí.

(Éntrese.)

III ¡Mal fuego del cielo baje

sobre tu casa, cruel,

que tanta soberbia ataje.

(Éntrense. Queden Mardoqueo e Isaac.)

MardoqueoNo pienso, Dios de Israel,

hacer a tu culto ultraje.

Isaac Yo la rodilla le hinqué

con temor.

Mardoqueo Yo, sin temor,

quedé cubierto y en pie.

IsaacNo he visto tanto rigor.

Mardoqueo¡Qué cruel!

Isaac Mucho lo fue.

Mardoqueo Bienaventurado sea

quien en hacer bien se emplea,

y al pobre muestra piedad.

IsaacVoyle a ver por la ciudad.

(Vase.)

MardoqueoQuien le estimare, le vea.

(Mardoqueo solo.) Dios de mis padres, no es soberbia mía

no me rendir a Amán, tan arrogante

como Nembrot, aquel feroz gigante

que escalar vuestros cielos pretendía:

introdújose así la idolatría;

no es bien que con el culto se levante,

debido a quien no tiene semejante,

quien no tiene poder seguro un día.

Vos sois la majestad a quien debida

es nuestra adoración, y por quien vierte

sangre en las aras donde sois servida.

Nadie con vos es poderoso y fuerte;

que como sois el dueño de la vida,

también tenéis el cetro de la muerte.

(Bagatán y Tares.)

Bagatán Paréceme que es mejor

que le matemos de hecho.

TaresTengo a la guarda temor.

BagatánQue te ayudarán sospecho,

conociendo tu valor;

que aunque allí se escandalicen,

mil príncipes has de hallar

que nuestra hazaña autoricen.

MardoqueoEstos tratan de matar.

¡Válame Dios! ¿A quién dicen?

Tares El ser el Rey tan amado

pone a mi temor cuidado;

que no el rigor de la ley.

Mardoqueo¡Basta! ¿Qué dicen al Rey?

BagatánHabla, Tares, recatado.

Tares ¡Que siempre a la puerta veo

de palacio, ocioso y grave,

este porfiado hebreo!

Bagatán¿Qué pretende?

Tares No se sabe.

BagatánEcharle de aquí deseo.

¿Guardaste la carta?

Tares Sí,

en el pecho la escondí.

BagatánSi nos oyó...

Tares No lo sé.

BagatánEspera, y yo lo sabré.

¿Qué buscas, amigo, aquí?

Mardoqueo Escribo historias, y vengo

a ver del Rey las grandezas

por afición que le tengo,

que no pretendo riquezas,

ni en pretender me entretengo.

Bagatán Según eso, bien oirías

lo que tratamos del Rey

y sus grandes monarquías.

MardoqueoYo tengo siempre por ley

pensar en las cosas mías.

Miraba aquestas colunas

corínticas, aunque son

dóricas también algunas,

y desta puerta el blasón,

estos soles y estas lunas.

Lo que tratáis me decid,

para me lo escriba,...