Jornada segunda
(Mardoqueo e Isaac, hebreo.)
Mardoqueo Llevada, finalmente, Isaac amigo,
la bella Ester al poderoso Asuero,
halló gracia en sus ojos de tal suerte,
que preparando a sus mayores príncipes,
la fiesta de un convite suntuoso,
la coronó por reina de la India,
y puso la diadema en la cabeza
de ciento y veinte reinos y provincias.
Con esto y el amor, que siempre crece,
es dueña Ester de todos sus sentidos,
por dicha, para bien de los hebreos,
que lloramos cautivos las memorias
de nuestra amada patria, de la santa
Jerusalén, desde los tristes días
que venció Donosor a Jeconías.
Isaac¿Y tú no vives, noble Mardoqueo,
con más honor del que presente veo?
Mardoqueo No he querido que Ester al Rey le diga
que soy su tío, ni lo sabe alguno
de los persas que viven en su casa,
ni su nación ni patria le he mandado
que diga hasta su tiempo.
Isaac Mal has hecho,
porque con tanto amor, si la supiera,
para nuestra prisión remedio fuera.
Mardoqueo Diversas cosas va ordenando el cielo
para bien del cautivo pueblo suyo,
de las que puedes tú pensar agora,
de las cuales Ester será la estrella;
tiéneme un sueño, Isaac, tiéneme un sueño
lleno de confusión.
Isaac Pues qué, ¿imaginas
que no es sueño animal, de los que nacen
de la solicitud del pensamiento?
MardoqueoPor sobrenatural le temo y siento.
Yo vi romperse el cielo por mil partes
con horrísonos truenos, y hacer guerra
uno con otro dos dragones fieros,
a cuya confusión vi que salían
dos ejércitos fuertes a batalla
campal contra los justos inocentes,
los cuales, viendo la tragedia tristes
de sus amadas vidas, con mil lágrimas
pidiendo estaban su remedio al cielo.
Entonces una humilde fuentecilla
iba saliendo con pequeña fuerza,
pero creció de suerte, que excediendo
las márgenes floridas con las aguas,
se vino a hacer un caudaloso río;
el Sol salió con mil hermosos rayos,
y dándoles mil géneros de muertes,
los humildes vencieron a los fuertes.
Isaac ¿Consultaste al Señor sobre este caso?
MardoqueoYo pienso que ha de ser para bien nuestro,
aunque ha de ser por medio de mil penas;
mas como al Sol precede oscura noche,
así la gloria de las penas sale.
Isaac ¿Quién es aqueste?
Mardoqueo Este es Amán, un príncipe
que preside a los otros, tan soberbio
con el imperio, que me causa enojos.
IsaacTodos se van hincando de rodillas.
MardoqueoYo no, que solo a Dios hincarlas pienso,
que no quiero quitar lo que le debo,
por darlo a la criatura, que bien sabe
el mismo Dios, que no es por ser yo grave.
(Acompañamiento, Amán detrás, y alguna gente hincándose de rodillas.)
Amán ¿Quién sois vos?
Portero Yo soy, señor,
de la Audiencia Real portero;
hacedme aqueste favor.
AmánNi agora puedo ni quiero
servir.
Portero ¡Qué extraño rigor!
Amán¿Vos quién sois?
II Pobre soldado
que de Numidia ha llegado.
Amán¿Mejor no fuera servir
hasta morir, que venir
a ser ocioso y cansado?
¿Y vos, viejo?
III Yo serví
a Vastí.
Amán Ya no hay Vastí.
¿No sabéis que reina Ester?
¿Qué os cansáis en pretender?
¡Hola! Apartaldos de aquí.
(Éntrese.)
III ¡Mal fuego del cielo baje
sobre tu casa, cruel,
que tanta soberbia ataje.
(Éntrense. Queden Mardoqueo e Isaac.)
MardoqueoNo pienso, Dios de Israel,
hacer a tu culto ultraje.
Isaac Yo la rodilla le hinqué
con temor.
Mardoqueo Yo, sin temor,
quedé cubierto y en pie.
IsaacNo he visto tanto rigor.
Mardoqueo¡Qué cruel!
Isaac Mucho lo fue.
Mardoqueo Bienaventurado sea
quien en hacer bien se emplea,
y al pobre muestra piedad.
IsaacVoyle a ver por la ciudad.
(Vase.)
MardoqueoQuien le estimare, le vea.
(Mardoqueo solo.) Dios de mis padres, no es soberbia mía
no me rendir a Amán, tan arrogante
como Nembrot, aquel feroz gigante
que escalar vuestros cielos pretendía:
introdújose así la idolatría;
no es bien que con el culto se levante,
debido a quien no tiene semejante,
quien no tiene poder seguro un día.
Vos sois la majestad a quien debida
es nuestra adoración, y por quien vierte
sangre en las aras donde sois servida.
Nadie con vos es poderoso y fuerte;
que como sois el dueño de la vida,
también tenéis el cetro de la muerte.
(Bagatán y Tares.)
Bagatán Paréceme que es mejor
que le matemos de hecho.
TaresTengo a la guarda temor.
BagatánQue te ayudarán sospecho,
conociendo tu valor;
que aunque allí se escandalicen,
mil príncipes has de hallar
que nuestra hazaña autoricen.
MardoqueoEstos tratan de matar.
¡Válame Dios! ¿A quién dicen?
Tares El ser el Rey tan amado
pone a mi temor cuidado;
que no el rigor de la ley.
Mardoqueo¡Basta! ¿Qué dicen al Rey?
BagatánHabla, Tares, recatado.
Tares ¡Que siempre a la puerta veo
de palacio, ocioso y grave,
este porfiado hebreo!
Bagatán¿Qué pretende?
Tares No se sabe.
BagatánEcharle de aquí deseo.
¿Guardaste la carta?
Tares Sí,
en el pecho la escondí.
BagatánSi nos oyó...
Tares No lo sé.
BagatánEspera, y yo lo sabré.
¿Qué buscas, amigo, aquí?
Mardoqueo Escribo historias, y vengo
a ver del Rey las grandezas
por afición que le tengo,
que no pretendo riquezas,
ni en pretender me entretengo.
Bagatán Según eso, bien oirías
lo que tratamos del Rey
y sus grandes monarquías.
MardoqueoYo tengo siempre por ley
pensar en las cosas mías.
Miraba aquestas colunas
corínticas, aunque son
dóricas también algunas,
y desta puerta el blasón,
estos soles y estas lunas.
Lo que tratáis me decid,
para me lo escriba,...