Jornada segunda
(Salen Leonardo, Pedro y Don Juan.)
LeonardoAntes fuera maravilla
venir con menos cuidado.
Don JuanEnojos de un padre airado
me sacaron de Sevilla,
y vuélvenme los deseos5
de la ocasión a saber
qué fin puedo prometer
a mis dudosos empleos,
para que vós, a quien tiene
respeto por amistad,10
rompáis la dificultad
que a mis desdichas previene.
LeonardoYo no sé cómo ha de ser,
don Juan, que podáis volver
eternamente a su agrado,15
porque después que a la corte
os fuisteis, se ha procurado;
pero con su pecho airado,
no hay medio humano que importe,
antes hablando le jura20
que un esclavo ha de buscar
a quién le piensa dejar
su hacienda.
Don JuanEstraña locura;
hágame su esclavo a mí.
PedroNo sino a mí, que podrá25
con más propriedad.
Don Juan¿Que está
tan airado?
LeonardoAyer le vi
con tal determinación;
mas cómo fue, me decid,
en Madrid.
Don JuanLlegué a Madrid,30
Leonardo, en buena ocasión,
para entretener los ojos,
que el alma no era posible,
mientras airado y terrible
ejecuta sus enojos.35
PedroTu padre, señor.
Don Juan¡Ay, triste
Leonardo!, adiós, no me vea.
(Salen Don Fernando, y Fabio.)
Don FernandoNo te espantes, que no crea
lo que dices, ¿tú le viste?
FabioDigo, señor, que le vi.40
Don FernandoBasta, Leonardo, que Fabio
dice que para mi agravio
está aquel villano aquí.
LeonardoAquí está, que le han traído
pobreza y enfermedad,45
no cerréis a la piedad,
como el áspid, el oído,
que ya toca en vuestro honor
favorecer a don Juan.
Don FernandoGentil favor le darán50
su maldad y mi valor,
id con Dios, porque en llegando
a hablarme, por él me pierdo.
LeonardoVós, como prudente y cuerdo,
veréis, señor Don Fernando,55
lo que en esto habéis de hacer;
yo, entre tanto, y perdonad,
cumpliré con mi amistad
en no dejarle perder.
A mi casa le he traído,60
allí le pienso curar.
Don FernandoHaréis me un grande pesar,
y que no lo hagáis os pido,
que estáis muy cerca de mí,
o mudareme, por Dios.65
FabioLa vecindad de los dos,
¿qué ofensa te hace a ti?
Don Fernando¿No podrá ser que le vea
alguna vez?
FabioYa, señor,
es ese mucho rigor.70
(Sale Alberto, criado de Elena, de soldado.)
AlbertoNo habrá en el mundo quien crea
esta determinación,
mas es fuerza aventurarme.
Don FernandoMira quién viene a buscarme.
FabioSoldados pienso que son.75
AlbertoSoy, señor, un capitán
de un navío.
Don FernandoMas, ¿qué viene
a decir, que me conviene
favorecer a don Juan?
AlbertoHabiendo sabido que80
andáis buscando un esclavo
de tantas partes, que pueda
la tristeza consolaros
de un hijo que habéis perdido
o que ha dado en ser soldado,85
traigo una esclava, que creo
(no siendo fuerza obligaros
a ser esclavo) que tiene
prendas que no las ha dado
el cielo a mujer ninguna.90
Don FernandoAmor siempre ha sido engaño,
esclavo buscaba yo,
pero tan poco reparo,
siendo ella tal, en que sea
esclava.
AlbertoEs tal, que no hallo95
a qué poder compararla
si no es al precio, que es tanto
que dije bien su valor.
Don Fernando¿Es negra?
AlbertoPor ningún caso
tratara yo en esa hacienda.100
Don Fernando¿Mulata?
AlbertoTampoco.
Don FernandoAguardo
qué sea.
AlbertoEs india oriental,
a quien los moros han dado
su seta en aquellas tierras,
que ahora van conquistando105
valerosos portugueses.
En Malaca la trocaron
a perlas, y un capitán
la trujo a España del cabo
de buena esperanza, y yo110
la compré, siendo soldado
del castillo de Lisboa.
Entra, Bárbara.
(Sale Elena, de esclava, con clavo en la barba.)
Don FernandoEs retrato
de aquella reina de Persia.
ElenaDadme, señor, vuestras manos.115
Don FernandoHija, no estéis en la tierra,
la fortuna os hizo agravio.
Notable mujer.
FabioFamosa.
Don FernandoAdoptaban sus esclavos
los romanos, como a hijos,120
sus apellidos dejando
y su casa en ellos; yo
pensaba hacer otro tanto,
por cierto enojo que tengo,
pero, puesto que me agrado125
de la esclava, haré lo mismo.
¿Es el precio?
AlbertoMil ducados.
Don FernandoBien dijistes que en el precio
se vería, y se ve claro
su valor.
AlbertoNo os espantéis,130
que donde son más baratos
me los han dado por ella.
Tiene entendimiento raro.
Por comenzar por el alma,
el cuerpo estaisle mirando,135
no tengo que encarecerle,
los ojos son desengaño.
Por virtuosa la vendo,
que haber sido lo contrario
no era precio para ella,140
el tesoro veneciano.
Canta, baila, cuenta, escribe,
y es, con notable regalo,
milagrosa conservera,
esto podéis ver despacio,145
si queréis que aquí la deje.
Don Fernando¿Cómo os llamáis?
ElenaYo me llamo
Bárbara, y no por gentil,
porque este nombre cristiano,
en la nave que venía,150
con el bautismo sagrado,
me dio mi primero dueño,
temeroso de los rayos
de una tempestad que tuvo
la nave en peligro tanto,155
que haber librado las vidas
fue del bautismo milagro.
Sin esto, junto a los zafres,
dimos en unos peñascos,
que sirvieron de rodelas160
a las flechas de sus arcos.
Como echó su hacienda al mar
aquel mercader indiano,
guardome para la tierra,
donde le fue necesario165
remedialla con venderme.
Don Fernando¿Cómo, Bárbara, ese clavo
os puso en la barba?
ElenaFue
presumir, amenazando
rendir mi pecho a su gusto,170
y como sé que le traigo
en defensa de mi honor,
lunar de mi honor le llamo;
que como ponen blasones
los que empresas acabaron,175
puso por armas mi honor
hierro negro en campo blanco.
Don...