Jornada segunda
(Salen don Juan de Padilla y Martín, de camino.)
Padilla ¿Hay cosa como llegar
después de ausencia, Martín,
donde un hombre quiere?
Martín En fin,
no queda que desear;
el que sale de la mar,
de la guerra aborrecida,
o cautivo en triste vida,
como lleguen a su casa,
cuanto pasaron se pasa,
todo con el fin se olvida.
Compone un libro el que sabe,
y en el fin descansa y pide
fama, porque no se olvide
ni alguna envidia se alabe;
descansa de noche el grave
de oír tanta variedad
de negocios, sin verdad:
hasta el mar la furia amansa,
y aun el que es necio descansa
después de una necedad.
Padilla Y lo será si porfía,
Descanso, el que hablare en vos,
cuando yo veo que Dios
descansó el séptimo día
de aquella dulce armonía
de elementos y de cielos.
A los humanos desvelos
doy el fin por bien mayor,
y más en quien tiene amor
y descansa de sus celos;
¿qué filósofo no habló
del fin soberanamente?
En fin, quien ama no siente
lo que amando padeció.
Llego al fin.
Martín Y llamo yo;
pero ya te ha visto quien
es mi descanso también.
PadillaBien haya lo padecido,
que quien el mal no ha sufrido,
Martín, no merece el bien.
(Sale Leonor, triste.)
Padilla Aurora del Sol que adoro,
Iris de hermosos colores,
Mercurio de mis amores
y llave de mi tesoro,
luz, diamante, perlas, oro,
de aquel cielo de belleza
¿cómo con tanta tristeza
abres puerta a mi alegría?
¿Son, por dicha, Leonor mía,
efectos de mi pobreza?
Toma este anillo, que yo
en su círculo quisiera
que todo el mundo estuviera.
LeonorNo son intereses, no;
a quien tu bien intentó
no le mueve el interés.
PadillaPues, mi bien, dime lo que es.
¿Falta salud a mi esposa?
LeonorSí falta, aunque es otra cosa.
PadillaHabla, y mátame después.
Leonor Tu esposa está desposada.
PadillaNo he dado a nadie poder.
LeonorEl poder lo pudo hacer.
PadillaConmigo está disculpada.
LeonorDe don Álvaro forzada,
le dio a don Juan de Aragón
la mano.
Padilla Si engaños son,
para templarnos el bien,
ofender suelen también
el bien de la posesión.
Leonor Cuando pediste que hablase
al rey, para sí pidió
a Beatriz, y el rey mandó
que con ella se casase.
Padilla¡Que aquesto en el mundo pase!
LeonorResistió, lloró, tomó
testigos que la forzó.
Padilla¿Gozóla? ¡Responde presto,
que sólo consiste en esto
que muera o que viva yo!
Mas no respondas, detente;
viva hasta verla no más,
que después me matarás.
Leonor¿Qué es gozar, ni que él lo intente?
Antes se fue brevemente,
viendo su mucha aspereza.
Padilla¡Alma, dejad la tristeza,
que aun hay tiempo de morir!
LeonorSeguro puedes vivir,
Padilla, de su firmeza:
a acompañar al rey fue.
PadillaEs verdad, que allá le vi.
¿Y podré verla?
Leonor No y sí;
hasta que más sola esté;
que aunque es casamiento, en fe
de que ha de ser tuya vienen
mil damas que la entretienen
con parabienes injustos,
porque nunca los disgustos
alegres visitas tienen.
Ellas vienen de colores
y ella, de negro vestida,
hace exequias a su vida
en honra de tus amores.
MartínSeñor, ¿qué haces? No llores.
¿Tú eres aquel gran Padilla
que puso asombro a Sevilla,
venciendo en Benamarín
tantos moros?
Padilla ¡Ay Martín!
¿Verme ansí te maravilla?
¿Arrojo yo por ventura
sombrero, capa y espada,
estando el alma obligada
a tan forzosa locura?
¡Vive Dios!
Martín Señor, procura
componerte brevemente,
que sale de adentro gente.
PadillaDile al alma esa razón,
que mis sentidos no son
quien sabe si soy quien siente.
(Sale doña Ana.)
Ana ¿Don Juan de Padilla vino?
Sí, que allí está; pues ¿qué aguardo?
Dadme, capitán gallardo,
los brazos.
Padilla ¡Qué desatino!
Que eres mi muerte imagino;
espero a Beatriz aquí,
a quien cuando yo me fui
dejé con tan tiernos lazos,
y sale a darme los brazos
lo que más aborrecí.
¿Qué es esto? ¡Furia del cielo!
¿Soy demonio? ¿Qué soy yo?
Espero al Sol, y salió
toda una noche de hielo.
¿Cuál labrador sin recelo
de áspid, en él escondido,
puso la mano en el nido,
donde dejó ruiseñores,
como yo, que dejé amores
y vine a topar olvido?
¿Cuál deudor, que huyó sutil,
en los acreedores dio?
¿Qué reo al alcalde vio?
¿Qué ladrón al alguacil?
¿Cuál hombre cobarde y vil
al valiente y arrogante?
¿Cuál, siendo en todo ignorante,
dio en el sabio y el discreto
como yo, pues en efeto
tengo a doña Ana delante?
¡Válame Dios! ¿Esto más?
Ana¿Qué es esto que estás diciendo?
PadillaDigo que vine creyendo
que viera donde tú estás
un ángel.
Ana Sí le verás;
pero con menos rigor;
que a nadie obliga el amor
a que sea descortés.
Mira, don Juan, que esto es
más infamia que valor.
Padilla Perdona, que estoy sin mí.
AnaTambién yo pensé que viera
un hombre en ti que me diera
los brazos que le pedí;
y un hombre ignorante vi,
un descortés, que se enfada
de una mujer lastimada;
pues donde por maravilla
pensé que hallara un Padilla,
vine a topar una espada.
Martín Señora, tienes razón,
mas don Juan está de modo
que has de perdonarlo todo,
o faltarte discreción.
Ana Beatriz viene, y callaré
por no darle mayor pena.
(Sale doña Beatriz.)
BeatrizDe tantas lágrimas llena,
no sé si verte podré.
¡Ay mi don Juan!
Padilla Ya quisiera
que la vida me faltara.
BeatrizNo acierto a mirar tu cara
como si culpa tuviera.
Ana Déjame verte no más,
que viéndote he vuelto en mí.
BeatrizYo he dado un forzado «sí»,
que no lo ha de ser jamás.
Las injurias que he pasado,
los golpes que he padecido,
dicen que el «sí» fue fingido,
y que el «no» fue declarado.
El «sí» y el «no« a un tiempo...