: Alejandro Jodorowsky, Marianne Costa
: Metagenealogía El árbol genealógico como arte, terapia y búsqueda del Yo esencial
: Ediciones Siruela
: 9788416396573
: El Ojo del Tiempo
: 1
: CHF 8.90
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: Lexika, Nachschlagewerke
: Spanish
: 704
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
«Todo el mundo debería conocer su árbol genealógico. La familia es nuestro cofre del tesoro o nuestra trampa mortal.»                  Alejandro Jodorowsky Metagenealogía continúa la estela que dejaron en su día libros tan importantes y necesarios como Psicomagia o La vía del Tarot. Este libro único enseña cómo estudiar y analizar nuestro árbol genealógico, para así poder entender nuestro pasado familiar y sanar nuestro presente. Un paso más allá de las técnicas terapéuticas de la «psicomagia» y la «psicogenealogía», está la Metagenealogía, que «no es estrictamente una terapia, sino un trabajo de toma de conciencia que supone la comprensión de los elementos del pasado que nos han formado, así como el inicio de un impulso futuro al cual nosotros damos forma». La lectura del libro y sus ejercicios hacen al lector tomar conciencia del estado de «salud» del árbol genealógico en el que ha nacido, y también le enseña a ser consciente de la tradición familiar que él carga. Una vez comprendida la influencia que ejercen en nosotros las vidas de bisabuelos, abuelos, padres, tíos o hermanos; o los lazos especiales que algunos miembros de nuestro árbol establecieron entre sí; o cómo la imposición de las ideas y tabúes familiares ha obstaculizado la expansión de nuestro Yo esencial, seremos capaces de desarrollar un nivel de Conciencia más elevado y entregarnos con espíritu libre y sin miedo a nuestro futuro.

Alejandro Jodorowsky(Tocopilla, Chile 1929), artista múltiple, poeta, novelista, director de teatro y cine de culto (El Topo o La Montaña Sagrada), actor, creador de cómics (El Incal o Los Metabarones), tarólogo y terapeuta, ha creado dos técnicas que han revolucionado la psicoterapia en numerosos países. La primera de ellas, la Psicogenealogía, sirvió de base para su novela Donde mejor canta un pájaro, y la segunda, la Psicomagia, fue utilizada por Jodorowsky en El niño del jueves negro. Su autobiografía, La danza de la realidad, desarrolla y explica estas dos técnicas.

Del arte a la terapia


En la primavera de 1979 comenzó una de las más intensas aventuras de mi vida, aventura que me llevó a crear un sistema terapéutico y artístico basado en el estudio del árbol genealógico. En esa época yo tenía 50 años. Es necesario que regrese brevemente a mi pasado, anterior a esa fecha. Mi formación juvenil fue rica y compleja, libresca y autodidacta. Los maestros y la intuición personal se sucedieron, así como los periodos de estudio y los periodos de experimentación. Sobre esta suma de actividades basé las teorías y las prácticas que serán presentadas en este libro.

En 1947, después del bachillerato, decidí inscribirme en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Me atraían la filosofía y la psicología. Asistí a diferentes cursos durante dos años, logrando obtener un diploma en Filosofía de las Matemáticas y otro en Historia de la Cultura. Participando en un curso en el que un profesor norteamericano nos incitaba a aprender cómo adaptar a los hombres a la conducta de las máquinas, abandoné escandalizado la universidad para dedicarme a los títeres... Convertí mis representaciones en un psicodrama: creé muñecos que representaban a mi padre, a mi madre, a mi hermana y a gran parte de mi familia. Después de presentar varias obras, comencé a interesarme por la expresión corporal. Pensé que si los sentimientos provocaban posturas corporales, una postura corporal podría provocar emociones. Creé un método de expresión que se iniciaba con una angustiada posición fetal (deseos de morir) y que terminaba con un ser humano realizado, con los brazos abiertos y unido al cosmos (alegría de vivir). Al comienzo, mi finalidad era encontrar un lenguaje físico que me permitiera contar historias. Pero a medida que me centré en descubrir los mecanismos de la expresión corporal –practicando danzas, meditaciones y masajes–, me di cuenta de que en nuestro cuerpo se anidan recuerdos de la infancia –incluso del periodo fetal–, aceptaciones, rechazos, residuos psíquicos de diferentes miembros de nuestra familia... Me apoyé para esto en un texto descubierto en el tratado de René DescartesLas pasiones del alma, publicado en París en 1649:

…es fácil imaginar que las extrañas aversiones de algunos, que les impiden soportar el olor de las rosas o la presencia de un gato, y otras cosas parecidas, provienen solamente de que, en los comienzos de su vida, han sido molestados en gran manera por alguno de estos objetos, o bien porque han participado en el sentimiento de su madre, que ha sido molestada por ellos estando embarazada. Porque es cierto que hay relación entre los movimientos de la madre y del niño que está en su vientre, de modo que lo que le es contrario al uno daña al otro. Y el olor de las rosas puede haberle producido dolor de cabeza a un niño estando aún en la cuna; o bien, un gato le puede haber asustado mucho, sin que nadie se haya dado cuenta de ello, ni él mismo haya vuelto después a acordarse, aunque la idea de la aversión que experimentó entonces hacia esas rosas o ese gato quede impresa en su cerebro hasta el fin de su vida (parte II, art. CXXXVI, trad. Eugenio Frutos, Planeta, Barcelona 1989).

Ciertos movimientos despertaban mi rabia contra el padre, la pena de la emigración legada por mis abuelos, la angustia de haber querido ser eliminado mientras estaba en el vientre materno, y muchas otras cosas. Los ensayos de los mimodramas se convirtieron en terapias colectivas. El contraste era tan fuerte entre estas prácticas en las se revelaba el auténtico ser de cada uno y el mundo exterior estructurado por los prejuicios y las apariencias, que no tardó en abrirse paso en mi conciencia una constatación: los límites y las enfermedades sociales nos sumergen en una jaula mental. Desde aquel momento (yo no tenía más de veinte años) el arte se me convirtió en una actividad orientada hacia mi liberación espiritual.

Esa búsqueda, a pesar del éxito que coronaba las representaciones de mi compañía de mimo, me hizo irme de Chile. Abandoné el taller donde ensayábamos, los trajes, los decorados, los objetos, los libros, todo. Llegué a