: Antonio Colinas
: La simiente enterrada Un viaje a China
: Ediciones Siruela
: 9788498414837
: El Ojo del Tiempo
: 1
: CHF 8.00
:
: Erzählende Literatur
: Spanish
: 224
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Rescatar las lecciones sabias del pasado, superar las sacudidas terribles de las ideologías, dar con la simiente enterrada, es el verdadero viaje de este libro que busca el renacimiento del hombre en un mundo extremadamente materialista y deshumanizado que parece perseguir su agotamiento.En La simiente enterrada. Un viaje a China, nos encontramos con dos tipos de viaje. Por una parte, el viaje físico, que busca la síntesis y la intensidad en sus descripciones, y, por otra, el viaje interior, que el autor utiliza no sólo para hablarnos de una realidad que está más allá de la que nuestros ojos ven, sino también para describirnos sutilmente una historia que tiene su desenlace en las últimas páginas. Entre la China del pasado y la del presente, el autor busca signos y señales para un nuevo tiempo, la semilla enterrada de la que pudiera surgir una tercera vía que funda la sabiduría pasada con el progreso actual, la espiritualidad perdida con el siglo XXI. China es para el autor de este libro una especie de «laboratorio» o un libro abierto que hay que leer para saber hacia dónde va no sólo este país, sino la humanidad entera.

ANTONIO COLINAS (La Bañeza, León, 1946) es además de poeta, narrador, ensayista y traductor. El conjunto de su poesía ha sido editado por Siruela en los volúmenes Obra poética completa, Canciones para una música silente o En los prados sembrados de ojos. Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En Italia también recibió el Premio Nazionale per la Traduzione y el Premio Internacional LericiPea, así como el Dante Alighieri, que le fue entregado en el Senado de Roma en 2019. Estos dos galardones se han concedido por vez primera a un escritor español. 

Volar sobre el mundo inmersos en algo extremadamente irreal de puro real. Anulación del tiempo y del espacio al saber que pasamos sobre Varsovia y, unos instantes después, lo hacemos sobre Moscú. En realidad, cuando estoy escribiendo estas páginas nos encontramos encima de Omsk y, muy pronto, allá al fondo de una sutil infinidad de manchas luminosas, podremos imaginarnos los Himalayas, y de madrugada nos espera Pekín.

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ReleoEl secreto de la flor de oro, la interpretación que Jung –maravillosa y lucidísima, como todas las suyas– le dio a este texto chino que le proporcionó el sinólogo Richard Wilhelm. Sólo en un texto así podría concentrarme al saber que estoy volando entre Europa y Asia. A raíz de este viaje a China he pensado mucho en lo que le debo a la poesía y al pensamiento de este país y, en concreto, a un notable grupo de traductores y especialistas. Cierro los ojos, hago el ejercicio de rescatar de mi memoria los títulos más influyentes y creo que son los que siguen: las versiones delTao Te King (Dao de jing), de Lao Tse (Laozi), hechas por Richard Wilhelm, Carmelo Elorduy y José Ignacio Preciado; las delI Ching (Zhouyi), Libro de los Cambios o de las Mutaciones, de estos tres mismos traductores. De las dos últimas, una es más espiritual y la otra más científica (hasta en las versiones del Tao nos encontramos con la inevitable dualidad). También Preciado tradujo elTratado de la perfecta vacuidad, de Lie Zi. Y las versiones delLibro del maestro Chuang-Tzu, otra vez de Elorduy y de Preciado.

Los Cuatro Libros de Confucio, en la versión de Farrán y Mayoral (1956), y las versiones de este mismo autor chino, de Mencio y de los trataditos anónimosLa gran enseñanza yEl justo medio, debidas a Joaquín Pérez Arroyo (1981); la antología de poemas chinos preparada por Marcela de Juan y elRomancero chino o Libro Clásico de la Poesía(Shijing), por Elorduy. También de éste es la traducción de laPolítica del amor universal, de Mo Ti. Un temprano tratado de estética china y de teoría esencial de la literatura esEl corazón de la literatura y el cincelado de dragones, de Liu Xie, monje budista de los siglosV-VI, obra muy bella, rara y sutil en su género, que ha traducido Alicia Relinque.

Recordaría algunos ensayos decisivos, centrales, que –de haber nacido en otros países– hubieran dado gran gloria a su autor, pero que aquí, entre nosotros, siguen sepultados en el olvido y esperando su reedición. Me refiero aLa gnosis taoísta del Tao Te King (1961),Chuang-Tzu, literato, filósofo y místico taoísta (1967) yEl humanismo político oriental, las tres obras de Carmelo Elorduy. Estos libros no han tenido desgraciadamente el eco que, por ejemplo, tuvo en FranciaEl taoísmo y las religiones chinas, de Henri Maspero, ahora editado entre nosotros en versión de Pilar González España y Rosa María López. Lo mismo podríamos decir deConfucio, educador (1965), de J. T. Kung. Y aquí me detengo, pues deseo extraer tan sólo de mi memoria textos esenciales, originarios, en versiones directas, y no la infinidad de textos que a veces nos ofrecen e