Epístola II. O prólogo de la Filosofía antigua
Frag. 1.
Domingo, antes de dos días de los Idus de abril de este presente año, señor don Gabriel, me dieron la respuesta a la Epístola que de la felicidad os escribí; y en ella me mandáis os envíe una Arte Poética en romance, y más nuevas, especial de lo que ha pasado entre los tres compañeros, Fadrique, digo, Hugo y el Pinciano. Así lo haré y os escribiré nuevas más nuevas que las pasadas; y son: que Lucano en su Farsalia fue historiador, y Platón, en sus Diálogos, poeta. El día siguiente que vuestra letra leí, hallé a Fadrique con el compañero dicho Hugo; yo les saludé y ellos a mí; y, como que yo no hubiera venido, Fadrique prosiguió diciendo: Mal se puede juzgar de las obras que no traen consigo las razones por que fueron hechas, y así soy de parecer que, dejadas éstas a una parte, tratemos de aquellas que traen juntas consigo sus causas.
Hugo respondió que le parecía bien; mas el Pinciano, que no lo entendió, preguntó cuáles fuesen aquellas obras; a lo cual respondió Fadrique: Los libros y las ciencias que dan las causas y motivos de las cosas; que el saber no es otra cosa que el conocer por las causas.
A tiempo estamos, dijo Pinciano, que yo traigo una pregunta tocante a este artículo. Pregunto, digo, señores: ¿Qué arte, de las Poéticas que en Castilla andan vulgares, da mejores causas y razones de lo que dice? Porque un mi amigo me envía a pedir una y no le querría enviar que tuviese de desaprender después.
Fadrique dijo entonces: Aquí está el señor Hugo, que podrá mejor que yo dar esa resolución, como quien fue laureado en la Universidad de Polonia.
Hugo, respondió: Yo confieso que recibí ese honor indignamente; y también, que vale más un bien sciente como vos que no un mal experto como yo.
Fadrique quisiera responder, y el Pinciano le embargó diciendo: Yo no entiendo por qué estos lauros y coronas se den a los poetas, y a los históricos dejen mochos y pelados.
Fadrique respondió: Coronas han quedado para los históricos y aun para otros; coronada fue Clío y profesó historia; y coronada Urania y profesó astrología; y coronados fueron todos los varones y matronas insignes y señaladas en virtud.
El Pinciano dijo entonces: Yo no sé qué virtud es la de estos poetas, si Hesiodo dice:
Yo no quiero tener obras de justo,
Ni que carezca mi hijo de injusticia,
Malo es seguir el hombre la justicia,
Pues más derecho alcanza el hombre injusto.
Y Juvenal confirma diciendo así:
Atrévete a una hazaña que sea digna
De grillos y cadena, y serás algo.
Y Terencio no contradice, cuando en va de sus comedias dice:
Hasta ahora no vi día
Que la justicia se meta
En punir a la alcahueta,
Ni tampoco lo querría.
Y ultra de esto, sabemos quién fue Ovidio y Marcial y otros así; los cuales dejaron muchas semillas no buenas.
Dicho esto, Hugo respondió así: Si las objeciones todas que contra la Poética hay, fueran como ésas, presto eran deshechas; porque Hesiodo no aconseja, en ese lugar, ni tampoco Juvenal en el suyo mas antes reprehenden diestramente a los magistrados y jueces; lo cual más claramente hizo el Juvenal en otra parte diciendo:
A los cuervos licencia dan las leyes,
Y a las palomas simples, el castigo.
Y, en lo que toca a Terencio, es de saber que no habla el autor por boca de su persona, ni de otra alguna que sea justa y buena, sino por boca de una alcahueta, la cual. con mucha razón, deseaba que las de su oficio no fuesen castigadas. Esto hizo el poeta prudentísimamente por guardar la verosimilitud. A lo que Ovidio y Marcial, confieso alguna libertad demasiada, mas, con esto, sé que el uno y el otro dicen. El uno:
Lascivo en letra, mas en vida honesto.
Y el otro:
Mi vida es buena y mi pluma burlona.
El Pinciano replicó: Con todo eso, hacen mucho daño a la república los semejantes poetas; que, aunque el escritor sea en sus costumbres bueno, si no lo es en los escritos, será de mucho más perjuicio que si al contrario fuera.
Fadrique dijo entonces: No me parece mal la razón del