: Alonso López Pinciano
: Filosofía antigua poética
: Linkgua
: 9788498978339
: Historia
: 1
: CHF 3.60
:
: Erzählende Literatur
: Spanish
: 420
: DRM
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
La Filosofía antigua poética es la obra más famosa de Alonso López Pinciano. Es un tratado pedagógico de poética dividido en trece epístolas dialogadas. Van seguidas de un breve comentario en forma de carta en donde el fingido corresponsal del Pin­ciano resume y comenta las doctrinas ex­puestas en el diálogo que lo precede. El autor sigue a Aristóteles en la Poética y la Retórica y a Horacio. Las cartas contienen diálogos sobre la felicidad, la poesía, la doctrina sobre la tragedia, la comedia, entre otros. Aunque la base de este sistema es, naturalmente, el Arte Poética de Aristóteles, la riquísima prodigalidad de ideas que el Pinciano expone en sus comentarios a la doctrina aristo­télica se estructura en un sistema original y complejo.  La doctrina de Pin­ciano procede de fuentes más profundas. No se trata de una mera anotación de los preceptos horacianos o de una deficiente asimilación de las ideas aristotélicas. Se cree que Pinciano escribió Filosofía antigua poética con el propósito de poner un freno clasicista a los éxitos dramáticos de Lope de Vega. Quería recuperar la estructura del teatro de la antigüedad clásica. Por ello el autor es un preceptista defensor de los principios aristotélicos del teatro, en contraposición con el efectismo barroco. López Pinciano propone una verdadera filosofía de la literatura. Toma en cuenta su esencia, su finalidad pero también, y quizás sobre todo, la naturaleza del hombre que la crea, el poeta, y el público.

Alonso López, más conocido como 'el Pinciano', nació en Valladolid, hacia 1547, es uno de los humanistas españoles más insignes del siglo XVI. Tuvo un lugar relevante entre los preceptistas con su Filosofía antigua poética, publicado en Madrid en 1596. Pinciano fue el médico de María de Austria, hermana de Felipe II casada con Maximiliano II. Cuidó además la salud de la infanta Margarita. Pinciano vivía en la calle de las Urosas, donde también residían Juan Ruiz de Alarcón y Luis Vélez de Guevara. La Filosofía antigua poética es su obra más famosa, un tratado pedagógico de Poética dividido en epístolas. Sigue a Aristóteles en su Poética y Retórica y a Horacio. Las cartas contienen diálogos sobre la felicidad, la poesía, la doctrina sobre la tragedia, la comedia etc. Se cree que este libro fue escrito con el propósito de poner un freno clasicista a los éxitos dramáticos de Lope de Vega. Por ello Pinciano es considerado un preceptista aristotélico.

Epístola II. O prólogo de la Filosofía antigua


Frag. 1.

Domingo, antes de dos días de los Idus de abril de este presente año, señor don Gabriel, me dieron la respuesta a la Epístola que de la felicidad os escribí; y en ella me mandáis os envíe una Arte Poética en romance, y más nuevas, especial de lo que ha pasado entre los tres compañeros, Fadrique, digo, Hugo y el Pinciano. Así lo haré y os escribiré nuevas más nuevas que las pasadas; y son: que Lucano en su Farsalia fue historiador, y Platón, en sus Diálogos, poeta. El día siguiente que vuestra letra leí, hallé a Fadrique con el compañero dicho Hugo; yo les saludé y ellos a mí; y, como que yo no hubiera venido, Fadrique prosiguió diciendo: Mal se puede juzgar de las obras que no traen consigo las razones por que fueron hechas, y así soy de parecer que, dejadas éstas a una parte, tratemos de aquellas que traen juntas consigo sus causas.

Hugo respondió que le parecía bien; mas el Pinciano, que no lo entendió, preguntó cuáles fuesen aquellas obras; a lo cual respondió Fadrique: Los libros y las ciencias que dan las causas y motivos de las cosas; que el saber no es otra cosa que el conocer por las causas.

A tiempo estamos, dijo Pinciano, que yo traigo una pregunta tocante a este artículo. Pregunto, digo, señores: ¿Qué arte, de las Poéticas que en Castilla andan vulgares, da mejores causas y razones de lo que dice? Porque un mi amigo me envía a pedir una y no le querría enviar que tuviese de desaprender después.

Fadrique dijo entonces: Aquí está el señor Hugo, que podrá mejor que yo dar esa resolución, como quien fue laureado en la Universidad de Polonia.

Hugo, respondió: Yo confieso que recibí ese honor indignamente; y también, que vale más un bien sciente como vos que no un mal experto como yo.

Fadrique quisiera responder, y el Pinciano le embargó diciendo: Yo no entiendo por qué estos lauros y coronas se den a los poetas, y a los históricos dejen mochos y pelados.

Fadrique respondió: Coronas han quedado para los históricos y aun para otros; coronada fue Clío y profesó historia; y coronada Urania y profesó astrología; y coronados fueron todos los varones y matronas insignes y señaladas en virtud.

El Pinciano dijo entonces: Yo no sé qué virtud es la de estos poetas, si Hesiodo dice:

Yo no quiero tener obras de justo,

Ni que carezca mi hijo de injusticia,

Malo es seguir el hombre la justicia,

Pues más derecho alcanza el hombre injusto.

Y Juvenal confirma diciendo así:

Atrévete a una hazaña que sea digna

De grillos y cadena, y serás algo.

Y Terencio no contradice, cuando en va de sus comedias dice:

Hasta ahora no vi día

Que la justicia se meta

En punir a la alcahueta,

Ni tampoco lo querría.

Y ultra de esto, sabemos quién fue Ovidio y Marcial y otros así; los cuales dejaron muchas semillas no buenas.

Dicho esto, Hugo respondió así: Si las objeciones todas que contra la Poética hay, fueran como ésas, presto eran deshechas; porque Hesiodo no aconseja, en ese lugar, ni tampoco Juvenal en el suyo mas antes reprehenden diestramente a los magistrados y jueces; lo cual más claramente hizo el Juvenal en otra parte diciendo:

A los cuervos licencia dan las leyes,

Y a las palomas simples, el castigo.

Y, en lo que toca a Terencio, es de saber que no habla el autor por boca de su persona, ni de otra alguna que sea justa y buena, sino por boca de una alcahueta, la cual. con mucha razón, deseaba que las de su oficio no fuesen castigadas. Esto hizo el poeta prudentísimamente por guardar la verosimilitud. A lo que Ovidio y Marcial, confieso alguna libertad demasiada, mas, con esto, sé que el uno y el otro dicen. El uno:

Lascivo en letra, mas en vida honesto.

Y el otro:

Mi vida es buena y mi pluma burlona.

El Pinciano replicó: Con todo eso, hacen mucho daño a la república los semejantes poetas; que, aunque el escritor sea en sus costumbres bueno, si no lo es en los escritos, será de mucho más perjuicio que si al contrario fuera.

Fadrique dijo entonces: No me parece mal la razón del