: Roberto Muñoz Bolaños
: Operación Turia La III Región Militar durante el 23-F
: Punto de Vista
: 9788415930389
: 1
: CHF 6.20
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: Regional- und Ländergeschichte
: Spanish
: 146
: kein Kopierschutz
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Esta obra incide en una idea: el golpe de Estado del 23-F fue una compleja operación cívico-militar española cuyo objetivo era convertir al general Armada en presidente de un gobierno de concentración nacional. Roberto Muñoz Bolaños explica cómo se gestó esta operación, quiénes fueron sus planificadores y las diferentes variantes que tuvo hasta su culminación el 23 de febrero de 1981. El estudio se centra para analizarlo detenidamente en lo ocurrido en la III Región Militar, única demarcación territorial sublevada en su totalidad durante el golpe de Estado, y cuyos mandos obedecieron en su totalidad las órdenes ilegales de su capitán general, el teniente general Jaime Milans del Bosch, uno de los líderes de la operación golpista. Sin embargo, a pesar de que todos ellos se rebelaron contra el sistema político vigente, ninguno fue posteriormente juzgado, y todos continuaron sus carreras militares con tranquilidad.

Roberto Muñoz Bolaños (Madrid, 1970) es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Profesor de la Universidad Camilo José Cela y del Instituto General Gutiérrez Mellado de la UNED, ha escrito numerosos libros y artículos centrados en dos campos: la historia militar y la didáctica de las Ciencias Sociales. Su tesis doctoral, 'La involución militar en la Transición: el golpe de Estado del 23-F', es el primer trabajo académico sobre este tema y ha sido calificada con la máxima nota posible (apto cum laude), no en vano es su autor el mayor especialista universitario sobre este tema.

1. LAS CAUSAS DEL INTERVENCIONISMO MILITAR. EL CASO ESPAÑOL

Las razones que han provocado el intervencionismo de las Fuerzas Armadas en elámbito político han sido estudiadas por numerosos historiadores y politólogos, la mayoría de origen anglosajón, destacando sin duda Samuel E. Finer, Charles Moskos, Morris Janowitz y Charles Huntington. A partir de sus obras, y de nuestras investigaciones, hemos elaborado una tipología propia, que se articula en nueve condiciones que justifican y hacen posible la intervención de los militares en política, y que en la España de 1975 se cumplían en su totalidad:

Patriotismo versus supremacía civil. Consideraban que su lealtad a la nación como concepto se situaba por encima de la obediencia a las autoridades civiles. Algunos autores, como Gabriel Cardona defienden que el franquismo había creado las Fuerzas Armadas más obedientes de la historia de España. Pero esto no es cierto completamente. El Ejército había actuado como elemento constituyente del régimen, y a partir del 1 de octubre de 1936, un militar, que encabezaba el escalafón de los tres ejércitos, había sido el jefe del Estado, y a su vez, otro miembro de las Fuerzas Armadas dirigía cada uno de los tres ministerios militares. Por tanto, los militares se habían limitado a obedecer a sus jefes naturales, ya que la cadena de mando terminaba en el propio Franco, capitán general de los Ejércitos, y no en las autoridades civiles, que no ejercían ningún mando directo sobre los militares, siendo el principal sostén del régimen. A la muerte de Franco, los militares trasladaron esa lealtad a su sucesor, el rey Juan Carlos I, convertido en capitán general. Sin embargo, esa lealtad no era tan profunda como la que sentían con Franco, ya que la inmensa mayoría de las Fuerzas Armadas no era monárquica, lo que explica que no dudasen en enfrentarse con los gobiernos de turno, e incluso pusieran en tela de juicio la figura del monarca, apoyándose para ello en el patriotismo.

La falta de profesionalismo. Las Fuerzas Armadas españolas no eran un cuerpo completamente profesionalizado. Durante el franquismo, sus miembros habían actuado en numerosos ministerios y organismos, destacando en este sentido el Instituto Nacional de Industria (INI), y habían controlado las Fuerzas de Orden Público. Estos hechos les habían permitido extender su influencia en determinados sectores de la administración y ponerles en contacto con la clase política franquista, estableciéndose vías de relación que favorecerían su intervención en elámbito político.

El destino manifiesto de las Fuerzas Armadas. Las Fuerzas Armadas españolas eran, como señala Finer, una de las organizaciones militares con un más alto concepto de su importancia, y de su función como defensores de la patria, y susúnicos salvadores en los momentos de crisis. Esta consideración tenía su origen en la Guerra Civil, que para la mayoría de los integrantes de las Fuerzas Armadas en 1975 seguía siendo unacruzada que había evitado la destrucción de España. En este sentido, el teniente general Manuel Díez-Alegría, uno de los miembros más liberales de las Fuerzas Armadas, había escrito:“...pueden existir casos, enormemente restringidos exactamente, en que las Fuerzas Armadas pueden, sin afiliarse a ninguna corriente de opinión determinada, pero haciéndose eco del sentimiento general de su país, recoger de la calle los atributos del poder para impedir con ello la pérdida de la Nación, al perderse sus esencias fundamentales”.

La necesidad de prestigio de las Fuerzas Armadas en la sociedad. Las Fuerzas Armadas españolas gozaban de un inmenso prestigio entre las clases más conservadoras de la sociedad española de la Transición, que las consideraban elúnico dique capaz de detener el proceso de disgregación que se había iniciado tras la muerte de Franco. Este apoyo al ejército se manifestaba fundamentalmente a través de medios de comunicación comoEl Alcázar,El Imparcial oEl Heraldo Español.

La defensa del interés nacional. Las Fuerzas Armadas españolas justificaron sus intervenciones a lo largo de la Transición apoyándose en el interés nacional, especialmente en su lucha contra el terrorismo, el separatismo y el desorden público, que estaban poniendo en peligro la propia existencia de España como nación.

La defensa de intereses sectoriales. Las Fuerzas Armadas españolas tenían intereses sectoriales que defender durante la Transición. Así, si bien sus intervenciones no podrían vincularse con ninguna clase determinada, ya que económicamente los militares españoles se situaban en el espectro de la clase media; si existían intereses regionales, pues mayoritariamente procedían de territorios de cultura castellana, teniendo un desprecio muy acusado por cualquier manifestación cultural española de otra procedencia, a la que consideraban siempre como“separatista”, y defendían importantes interés corporativos, especialmente su deseo de mantenerse fuera del control del Gobierno, dependiendo directamente del rey.

La existencia de frustraciones en las Fuerzas Armadas. Las Fuerzas Armadas españolas en 1975 no eran todavía una institución frustrada, a pesar del escaso sueldo de sus integrantes y la pobreza de su armamento. Por el contrario, se habían forjado en dos victorias: la campaña de Marruecos (1909-1927) y la Guerra Civil (1936-1939). Ni siquiera la lamentable campaña del Sahara Occidental (1974-1975) había modificado esa mística victoriosa. No obstante, a lo largo de la Transición, un hecho habría de causar una gran frustración en el seno de las Fuerzas Armadas españolas: el azote del terrorismo revolucionario, especialmente de carácter izquierdista, como los Grupos Revolucionarios Armados Primero de Octubre (GRAPO), y nacionalista, como Euskadi Ta Askatasuna (ETA), el principal grupo terrorista de este periodo, que pasó de asesinar 16 personas en 1975 a acabar con la vida de 92 en 1980, la mayoría pertenecientes a las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Orden Público. De estas muertes, los militares no dudaron en acusar al Gobierno por su incapacidad para frenar la acción de estas organizaciones; sien