Un trabajo sobre la idea de Iglesia en Agustín es una osadía. Esto lo sé ahora todavía mejor que cuando presenté este trabajo a la Facultad de Teología de la Universidad de Múnich, en el verano de 1951, momento en que coincidía que el tema de esta investigación había sido el propuesto para concurso de aquel año académico 1950/51. Lo sé mejor que entonces porque ahora soy más consciente de con cuánta dedicación, en todos los países, inteligencias grandes y menores se esfuerzan en torno a la imponente figura de Agustín, de modo que el principiante debe ver realmente mermada su esperanza de poder decir algo nuevo todavía. A pesar de ello, cuando yo presento el trabajo, lo hago, sin embargo, con el convencimiento de haberlo conseguido. Las nuevas respuestas que este libro puede dar tienen que ver, claro, muy estrechamente con la nueva pregunta que ha planteado. En general, los progresos en la investigación sistemática e histórica se condicionan mutuamente; pues si la misión del historiador consiste, dejando a un lado presupuestos sistemáticos, en investigar exclusivamente la realidad histórica, con independencia de cómo se comporte ésta en relación con la opinión del propio investigador, sin embargo, éste sólo puede encontrar respuesta allí donde él ha preguntado primero. Mas preguntar sólo puede hacerlo partiendo de sus conocimientos sistemáticos previos. La respuesta que encuentre puede entonces ampliar el campo de visión, a partir del cual la sistemática puede ofrecer terreno para una renovada penetración más profunda en el objeto de la investigación histórica. De este modo la sistemática se convierte en una nueva frontera del trabajo histórico, y éste, a su vez, está llamado a ampliar la frontera de la sistemática. Ahora bien, debemos reconocer que el planteamiento con el cual fue tratado el problema de la Iglesia en Agustín desde, por poner un término, los estudios agustinianos de Reuter, ha sido ya agotado en lo esencial por la obra fundamental de Hofmann. Pero esto no quiere decir, después de lo dicho, que también la idea agustiniana de Iglesia esté agotada. En el tema propuesto por el profesor Söhngen, «Pueblo y casa de Dios en la doctrina sobre la Iglesia», se esconde, junto a una nueva experiencia sistemática, una pregunta nueva, que abre también la posibilidad de una nueva respuesta. Por eso tengo que estarle ya agradecido al profesor Söhngen, en primer lugar, por la pregunta sin la cual no se hubiera dado la respuesta que es este libro. Si se mira con más detenimiento, se verá enseguida que el concepto de pueblo de Dios es el concepto central, a partir del cual debía desplegarse el tema. Éste se repartía, a su vez, en una serie de problemas parciales, en correspondencia con los distintos puntos de arranque de cada uno de ellos, de los cuales los más importantes son: el problema del Antiguo Testamento —precisamente entonces tan acaloradamente discutido en el occidente latino—, el de la relación entre derecho y sacramento, y finalmente, el problema que representaba para los pensadores cristianos el Estado pagano y el paganismo como tal. Los tres problemas presentan un entramado peculiar entre sí, que desentrañarlo supondría anticipar lo que diremos en el libro. La última cuestión mencionada trajo consigo a la vez la incorporación de la problemática histórico-religiosa. Partiendo de ésta quedaba clara la línea de conexión con las preocupaciones filosóficas de Agustín en su primera época, las cuales, enriquecidas con su experiencia de la vida de la Iglesia africana, alcanzarían nuevo significado en la confrontación con la teología pagana. Desde aquí se entiende el esquema de mi trabajo. En la primera parte trata el doble apriori en el concepto de Iglesia agustiniano: su propia filosofía y la teología africana. En la segunda, se desarrolla el concepto de Iglesia propiamente, y no sólo en su aspecto dogmático, en lucha contra el donatismo, sino igualmente también desde la perspectiva apologética, en lucha contra el paganismo. La teología antipelagiana puede quedar fuera, pues ha tenido un espacio tan amplio en los trabajos dedicados al concepto de Iglesia en Agustín, debido en primer lugar a una tendencia de Reuter, que mientras tanto ya ha sido co